¿Alguna vez viste un viejo gordo?
¿Alguna vez viste un viejo gordo? Se la respuesta: no, nunca. Hombres grandes tal vez, viejos nunca… y nunca viste un viejo gordo porque los gordos nos morimos antes y eso me llena de pavor.

Lo que sigue son una serie de párrafos inconexos que mas que contar algo son el fiel reflejo de algunas reflexiones que tengo sobre la gordura, mi gordura. Lo escrito sigue el hilo de mis pensamientos, no hay estructura, y probablemente sean todas paparruchadas. Pero quería escribirlo.
Toda mi vida fui gordo, cada vez más, hasta el día de hoy: 32 años, una familia genial, un trabajo estupendo y me cuesta atarme los cordones. Y tengo miedo. Mucho. Me voy a morir. No estoy listo para morirme. Pero las estadísticas no mienten.
Toda mi vida fui gordo. Toda mi vida vi el desprecio en la mirada ajena, o tal vez era mi propio desprecio reflejado. Porque en el fondo a los gordos nos une esa sensación de desprecio. El desprecio y el descontrol. El no poder decir basta.
Los gordos también tenemos métodos de “defensa” que en realidad nos hacen cada vez peor. Si estoy triste: como. Si estoy enojado: como. Si estoy angustiado, feliz, aburrido… como.
La comida lo tapa todo, porque con la boca llena no se habla, y si no hablamos al final el dolor desaparece. O no. Como la energía, se transforma. Ahora es solo nuestro. Evitamos la discusión, evitamos el problema inmediato, pero nos lo llevamos con nosotros… en kilos.
¿Sos feliz?
Ayer me preguntaron ¿Estas contento?
Es rara esa pregunta dije, después de pensarlo varios segundos y balbucear algo así como Si, creo, ¿yo que se?, puede ser… si.
Es rara la respuesta, me retrucaron. Y tenían razón. El problema fue que interprete ese ¿Estas contento? como un ¿Sos feliz?
Los gordos no somos felices. Tenemos momentos específicos donde estamos contentos. Pero no somos felices. Tenemos problemas que tapamos con mil cosas. Los que nos ven pueden pensar que somos simpáticos, chistosos, sagaces… son todas técnicas para ocultar lo que nos pasa. Como la comida.
Entre bocado y bocado tiramos un chiste o un comentario mordaz y no tenemos que hablar de otras cosas. Cosas que no sabemos manejar, que nos duelen, que preferimos evitar.
¿Entonces?
Nada. Tal vez necesitamos hablar más. Tal vez necesitamos más un psicólogo/psiquiatra que un nutricionista. Al fin de cuentas todos sabemos que es lo que hay que hacer para no ser gordo.

Tal vez internalizar el hecho de que no hay viejos gordos es el primer paso. Tal vez el miedo a morirnos nos ayude a hacerle frente a los otros problemas. Tal vez el intentar dejar la obesidad atrás nos termina transformando en mejores seres humanos… o no, pero no por eso vamos a dejar de intentarlo.
