La discriminación indígena en México

La discriminación indígena no ha existido siempre, no obstante vivimos en una época en la que el problema se agudiza sin que nadie se haga responsable de dicho caso.

Para poder adentrarnos en el tema, primeramente es importante saber, ¿qué es un indígena? Bien, la palabra indígena significa “Originario del país de que se trata.” (RAE), dada esta definición, podemos decir que las personas indígenas son la raíz de nuestra cultura. Son quienes definen al México prehispánico.

La cultura mexicana prehispánica estaba formada por grupos indígenas y fue hasta que los españoles llegaron a México a imponer sus ideales y religión, de una manera violenta, que comenzaron a suprimir a este grupo de sus creencias, avergonzándolos de sus raíces. Cabe recalcar que este fenómeno prevalece hasta la fecha, pero los españoles no sólo vinieron a transformar nuestro país, también nuestras mentes y nuestra percepción hacia el mismo mexicano.

La Constitución Mexicana en su artículo 1° prohíbe la discriminación étnica, sin embargo, como sociedad seguimos practicando esto de forma directa o indirecta.

“En México existen 16 personas con más de mil millones de dólares, 252 individuos con más de 100 millones de dólares y 2,272 con más de dos millones de dólares. Lo anterior se traduce en que el 1.2% de la población, posee 43% de la riqueza total del país. (De la Torre).”. No cabe duda que la mayor parte del capital mexicano se encuentra en el mínimo de la población, lo que provoca que el sector indígena sea el sector más afectado.

Sí, los indígenas son víctimas de la falta de conciencia y cultura por parte de la sociedad mexicana pero, ¿sólo podemos catalogar a los indígenas como víctimas o también como victimarios?

Bien, a continuación haré un breve análisis de la situación de éstas etnias desde dos puntos de vista distintos:

  1. El indígena como víctima:

En este grupo se encuentran todas aquellas personas que perciben una falta de derechos hacia su sector, quienes buscan un avance tanto económico como social y hasta político en nuestra sociedad pero a causa del racismo se les es negado. Tenemos ciertos ejemplos, como el siguiente:

“…hemos reconocido su autonomía, su lengua, su organización, sus tradiciones y hasta sus formas de gobierno; sin embargo, tarde o temprano insistimos en que a pesar de ello deben ajustarse a nuestras costumbres, a nuestras obligaciones, a nuestros derechos, a las leyes de la nación…” (Escalante, 6).

Como pueblo mexicano quizá sí hemos considerado a los indígenas como parte de nuestra sociedad, pero para aceptarlos de una manera digna les hemos impuesto por muchos años la condición de que se adapten a nuestro ritmo de vida. Claro está que pedirles que hagan eso es algo sumamente difícil, pues sus costumbres son otras y simplemente no podemos llegar con los originarios del país mexicano a pedirles que cambien su forma de ser, en primera porque no es un derecho que tengamos y en segunda porque cada quien tiene la libertad de decidir cómo quiere ser, no es ético que decidamos por los demás cómo deben de actuar.

Ésta cita llamó mucho mi atención:

“El pasado 16 de abril, la CNDH inició una investigación por las presuntas violaciones en el caso de una mujer de origen indígena que falleció embarazada, igual que su bebé de ocho meses de gestación. El organismo defensor detalló en un comunicado que ambas muertes ocurrieron en la sala de espera del Hospital Básico Comunitario de Copala, Guerrero, luego de que se negó atención ginecológica a la madre. La mujer, una indígena mixteca de 20 años de edad originaria de la comunidad El Potrero, en el municipio de Ayutla, esperó por ayuda durante casi cinco horas.” (CNN México).

No somos humanos cuando le negamos la vida a una persona. No importa la raza, el color de piel, la edad o la lengua, vida es vida y esa no se le niega a nadie, por el simple hecho de que a nosotros no nos la han negado.

2. El indígena como victimario:

En este grupo se encuentran todos aquellos indígenas que se discriminan entre etnias por no hablar la misma lengua, tener las mismas costumbres, vestir igual, por tener un sentimiento de superioridad o por miedo a que otros los opaquen, como se explica en el siguiente caso:

“Para los peninsulares, los indígenas provenientes de otros estados representan competencia directa, tal vez por eso los mal ven y los maltratan, generando comunidades aisladas donde esos grupos suelen vivir en condiciones de pobreza y nulo acceso a oportunidades de desarrollo.” (Anaya)

Apuesto a que la gran mayoría no habíamos pensado en los indígenas como discriminadores, pero sí, ellos también discriminan a las propias etnias indígenas. El caso anterior sucedió debido a un presentimiento de competencia, pero como anteriormente dije, la discriminación entre este sector se puede dar por distintas razones.

¿Cómo no discriminar si es el ejemplo que hemos dado? Con esto no quiero justificar sus acciones, al contrario, pero pienso que para que haya un real cambio, nosotros tenemos que poner el ejemplo.

Los casos expuestos, aunque no son muchos, sabemos que existen. Es por la anterior razón que debemos de analizar las situaciones desde todos los puntos de vista posibles; comenzando por el lado positivo y el lado negativo.

Creo fijamente que al hacer una crítica acerca de un tema se debe de analizar más de un punto de vista.

Referencias:

Anaya, Sergio. (2015) Discriminan mayas a otras etnias. [Recuperado el 29 de octubre del 2015]. Disponible en: http://polemicarevista.com/discriminan-mayas-a-otras-etnias/13238

CNN México. (2014). 5 ‘retratos’ de la discriminación hacia los indígenas mexicanos. [Recuperado el 22 de octubre del 2015]. Disponible en: http://mexico.cnn.com/nacional/2014/08/08/5-retratos-de-la-discriminacion-hacia-los-indigenas-mexicanos

De la Torre, Ana. El 1% de los mexicanos concentra el 43% de la riqueza [Recuperado el 26 de noviembre del 2015]. Disponible en: http://pijamasurf.com/2013/06/el-1-de-los-mexicanos-concentra-el-43-de-la-riqueza/

Escalante, Yuri. (2009). Derechos de los pueblos indígenas y discriminación étnica o racial. México D.F.: Atril Excelencia Editorial.