En medio de la tristeza, decidí caminar

He estado viviendo una temporada difícil.

Tú sabes a lo que me refiero.

Son esos tiempos en que parece que todo te sale mal, y cuando te preguntas que más podría pasarte, la vida te demuestra que sí, aún hay muchas cosas terribles que podrían sucederte. Y por si acaso no le crees, las que estaban mal, se tornan aún peor.

Tú me entiendes… pero no todo mundo me entiende.

Son esos tiempos en que te dicen que no olvides ser agradecido, pero te parece que las cosas por las que podrías dar gracias son… bueno... la luz solar, las plantas y los animalitos del bosques. Fuera de eso, no te parece que haya muchas razones para agradecer y celebrar. (Y aunque haya, es difícil apreciarlas.)

Yo te entiendo. Estoy precisamente en una temporada así en mi vida. No te digo que mis problemas sean peores (o mejores) que los tuyos, pero son muchos. Y es difícil vivir así cuando eres un escritor.

Hace unos días, le decía a mi esposa que me era imposible escribir porque no tenía nada para compartir. No tenía lecciones, ni enseñanzas, ni anécdotas, ni consejos. Me sentía vacío.

Le dije:

No estoy viendo ni sintiendo las promesas de Dios. No estoy viendo ni sintiendo su presencia, ni su plan, ni su sanidad. Solo estoy viviendo por lo que sé, por lo que creo, pero sin poder ver nada.

Y allí fue que entendí.

Eso es lo que me hacía seguir de pie, seguir caminando, aún en medio de mis tribulaciones. Eso es lo que me motivaba a no rendirme en un mundo en el que es cada vez más común intentar resolver los problemas acabando con tu vida. Había algo que me hacía seguir teniendo esperanza.

Ese algo es lo que SÉ.

Y eso es más importante que lo que veo o lo que siento.

No puedo ver el plan de Dios para mí vida, pero yo SÉ que él tiene uno y que se cumplirá.

No puedo sentir la presencia y el consuelo de Dios, pero yo SÉ que él está conmigo cada día, toda mi vida, hasta el último de mis días, y luego por la eternidad.

No estoy viendo milagros ni sanidades, pero yo SÉ que mi Dios es especialista en milagros, y es poderoso para sanar y salvar.

No puedo encontrar el propósito que tiene esta temporada (o tal vez ni siquiera el propósito de mi vida), pero SÉ que Dios puede usar todo lo que yo vivo para mi bien, y que me ha creado para buenas obras que preparó de antemano. Me creó con un propósito.

Recordé todo esto, y entendí que tengo algo para compartir: lo que sé. Eso, que yo SÉ, es más grande y más fuerte que lo que veo, lo que siento, o lo que estoy viviendo.

Lo que yo SÉ me recuerda que estos tiempos difíciles terminarán.

Me recuerda que el Señor mismo enjugará cada una de mis lágrimas.

Me recuerda que mi destino es la Tierra de la Promesa, no importa cuántos años dure el desierto.

Me recuerda que estas aflicciones momentáneas (duren días, semanas, meses o años), no se comparan con la experiencia de gloria que vendrá.

Me recuerda que, si aún sigo vivo, Dios no ha terminado conmigo y tengo algo valioso que ofrecerle al mundo.

Me recuerda que, no importa cuántas batallas gane mi Enemigo, y cuánto se burle de mí, al final de mis días, moraré en la casa de mi Dios por la eternidad, y él tendrá que soportar cómo Dios unge mi cabeza con aceite.

Así que decidí vivir por lo que SÉ y no por lo que veo.

No, no se resolvieron al instante todos mis problemas. Sí, aún hay días en que la tristeza y la preocupación amenazan con derribarme (y a veces lo logran). Sin embargo, esos momentos no duran mucho, porque entonces recuerdo lo que SÉ. Esos momentos no duran para siempre, porque Dios es más grande que mis circunstancia, que mis emociones, que mis lágrimas.

En estos momentos difíciles, esto es lo que te puedo ofrecer: lo que sé. Y eso es lo que puedes seguir ofreciéndole al mundo, aún en medio la dificultad que enfrentes. No tenemos que aparentar y fingir que nuestras circunstancias son las mejores; solo tenemos que recodar, proclamar y declarar que nuestro Dios todavía sigue siendo el mejor.

En medio de la incertidumbre, la ansiedad y la tristeza, yo he decidido seguir caminando en fe, porque eso es lo que SÉ hacer.

¿Te animas a caminar junto a mí?

Félix Hommy González, julio 2017

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