Fiestas y látigos

Esto es lo maravilloso de la Biblia: incluso el orden en que se presentan las historias puede hablarnos y tocarnos el corazón.

En Juan capítulo 2, los versos 1 al 12 muestran el primer milagro que reveló al mundo la gloria de Jesús: cuando la bebida se terminó, transformó agua en vino en la fiesta de una boda. Inmediatamente después, en los versos del 13 al 22, aparece la historia en que Jesús expulsa del templo a unos comerciantes. (Y lo hace con un LÁTIGO en la mano, que se tomó el tiempo de HACER ÉL MISMO, para así poder espantarlos. WOW.)

Este es el contraste: Jesús, en la fiesta, hizo milagros, reveló su gloria, manifestó su amor, y proveyó vino para el disfrute de los invitados. Jesús, en el templo, látigo en mano, sacó a los falsos, a los timadores y a los hipócritas, revelando su ira con los que usaban la religión para obtener ganancias deshonestas.

Dios habló a mi corazón por medio de esta breve lectura.

A veces, puedes encontrar a Dios en los lugares más inesperados: una fiesta de bodas, una noche en el cine, una conversación con un amigo, un paseo en la playa. Y a veces, puedes perderte su gloria incluso estando en la iglesia, en un estudio bíblico, en una reunión de oración.

Se trata de actitud.

Si tu actitud es receptiva al Señor y tienes fe, Él estará contigo incluso en las fiestas, y te dará el mejor vino. Si tu actitud es mala, solo aparentas, y no hay fe genuina en tu corazón, te perderás del vino nuevo, no importa cuántos días pases en la iglesia. Y te aseguro que, cuando al fin abras los ojos, el dolor de perderte la gloria de Dios, y el vacío que quedará en tu corazón, se sentirá peor que un latigazo…