Jesús: el Dios del “party”

El primer milagro de Jesús, donde mostró al mundo su gloria por primera vez, fue transformar el agua en vino en una fiesta de bodas.

El vino se había terminado (¡y la fiesta apenas comenzaba!), así que Jesús ordenó que llenaran con agua seis tinajas de piedra, para luego transformar el agua en el vino más delicioso que un ser humano hubiese probado.

Tomando únicamente ese milagro, ese primer milagro registrado en la Biblia, ya podemos obtener tres detalles relevantes acerca de la personalidad de Jesús, el Hijo de Dios:

1) Jesús suple—

Sin importar tu necesidad, el Dios en el que creemos puede suplir porque él tiene más que suficiente. Él puede transformar cualquier situación, puede hacer que haya donde ya no había nada, y puede intervenir en el último minuto, cuando ya no quedan esperanza ni alternativas. Él tiene el control, tiene cuidado de ti, y suplirá tu necesidad.

2) Jesús se preocupa de las pequeñas cosas —

La realidad es que Jesús se ocupó de resolver un asunto que, probablemente, nosotros hubiésemos llamado “vano”: que hubiera suficiente vino en una fiesta. Sin embargo, aunque para ti o para mí podría no ser importante, para los organizadores de esa fiesta (y para la madre de Jesús, tal parece) sí lo era. Así que para Jesús también. Lo que es importante para ti, no importa lo pequeño que parezca para el resto del mundo, es también importante para Dios. Orar para encontrar un estacionamiento, pedir que gane nuestro equipo de baloncesto, rogar que queden donas de crema para cuando llegue nuestro turno para ordenar: son cosas del día a día, tal vez sin mucha relevancia, pero Dios también quiere estar presente allí. (Solo no te molestes si él tiene algo mejor en mente y la respuesta es “no, camina un poco, lo necesitas”, “no, el otro equipo se esforzó más” o “no, no hay donas de crema para ti hoy”.) No hay petición insignificante ante los ojos de Dios, porque cada petición que elevas al cielo es una ocasión en que lo buscas y te conectas con él. Y eso es lo que más le importa: nuestra relación con él.

3) Jesús es alegría —

¡Jesús estaba presente en una fiesta! ¡Y allí había gente alegre, baile, celebración, comida y bebida! Escandaloso, ¿no? No realmente, si recordamos que nuestro Dios es un Dios alegre. Más que transformar agua en vino, Jesús garantizó que todos allí la pasaran bien y que la fiesta estuviese llena de alegría, no de preocupaciones. Mi Dios es un Dios alegre, y quiere que tú seas alegre. Así que canta, baila, ríe, celebra la vida. Abandonemos la tonta suposición de que la vida cristiana es una vida aburrida, y que Dios es un anciano con el ceño fruncido que está presto a castigarnos cuando cometemos el más mínimo error. No olvidemos que nuestro Dios, el mismo que es justo y perfecto y ordenado, también es el Dios que está en las fiestas, y celebra con nosotros, y produce más vino.

En el día de hoy, permíteme recordarte y anunciarte esto:

Dios suplirá, se ocupará de ti y te traerá alegría.

Así que cree, confía… y disfruta de tu vida.

-Félix Hommy González, mayo 2017

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