Por qué no me agrada la “religión”

No tengo problemas con la palabra “religión” para describir al cristianismo… siempre y cuando se refiera al significado bíblico de la palabra religión:

La religión pura y verdadera a los ojos de Dios Padre consiste en ocuparse de los huérfanos y de las viudas en sus aflicciones, y no dejar que el mundo te corrompa. -Santiago 1:27 (NTV)

Ocuparse de ayudar a los necesitados y no dejarse llevar por el mal: Me parece algo simple, puro, sencillo. Así es la fe cristiana.

Sin embargo, la palabra “religión” fuera de ese contexto me incomoda, debido a dos cosas: la definición del término según el diccionario y la connotación que tiene la palabra en el mundo en que vivimos.

Primeramente, seamos honestos: cuando se escucha hablar de religión, y de alguien que se “convirtió a la religión”, el mundo no piensa en gente sirviendo a los huérfanos. Lo que viene a la mente de la mayoría de las personas son imágenes de alguien sin educación, manipulable, hipócrita, aburrido, con apariencia de santurrón, que pertenece a un sistema machista y homofóbico y que cree que todo el que no va a la iglesia tres veces a la semana está camino al infierno. Es muy triste, pero hoy día “religión” no se asocia con ayudar a los huérfanos ni con apartarse del mal: se asocia con ser intolerante, tener una mente estrecha y criticar todo, mientras se presenta una vida falsa y de cartón dentro de la iglesia.

En segundo lugar, esta es la definición de “religión” según el diccionario de la Real Academia Española:

Religión: Conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto.

En resumen, el término religión se refiere a dogmas, normas, prácticas rituales y mucho sacrificio.

El cristianismo verdadero no se asemeja a esa definición.

En realidad, el cristianismo verdadero no se trata de dogmas. El punto central de la vida cristiana no es seguir ciertas normas morales. Un cristiano no cree que el cielo se gana a base de prácticas rituales. Y sabemos que no es necesario el sacrificio, porque ya fue cumplido el único que nos podía salvar: la muerte de Jesús en la cruz.

Los pilares del verdadero cristianismo son estos:

1) Amar a Dios sobre todas las cosas.

2) Amar a tu prójimo como a ti mismo.

Simple, puro, sencillo.

Se trata de AMOR.

No obstante, en ninguna parte de la definición que aparece en el diccionario relaciona la religión con el amor. Y sabemos muy bien que, cuando la gente escucha la palabra religión, lo menos que piensa es en el amor o en gente amorosa. Por eso, no asocio al cristianismo con la religión.

De hecho, me parece que “cristianismo” y “religión” son casi mutuamente excluyentes.

Típicamente, donde hay mucha religión (y se les da preminencia a los dogmas, las normas, los rituales y el sacrificio), hay poco del verdadero cristianismo, del verdadero amor, y de la verdadera fe.

Y por eso, no, no creo en la religión, pero sí en el cristianismo auténtico: un acto de fe (aceptando como ciertas cosas que aún no puedo ver) y un acto de amor (hacia Dios y hacia mis semejantes).

De eso se trata Fe (sin religión): rescatar al cristianismo de las garras de los religiosos y sus dogmas y devolverlo a las manos del pueblo, como tú y como yo, con virtudes y defectos, pero con fe y con amor.

Menos palabras y más acción. Menos juicio y más aceptación. Menos peleas y más unión. Más misericordia y menos rencor.

Más amor. Más fe. Menos religión.

Es simple, puro y sencillo: eso es cristianismo de verdad.

-Félix Hommy González, mayo 2017

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