La potencia está en la forma

Toy Story 2 — Fixing Woody

Hace unos días volví a ver Toy Story 2. Encendí la televisión y apareció la escena que muestra esta imagen. Inmediatamente quedé prendida a la tele sin poder cambiar de canal. Mucho peor: sin poder abrir Netflix para ver aquello que yo quería en ese momento. ¿Por qué?

Pienso que amo todas las películas de Toy Story, pienso que hace mucho no veía la segunda… Pero hubo algo en esta escena que verdaderamente captó mi atención y me convenció a seguir la película hasta el final.

Una parte de mí sencillamente sentía ese entusiasmo por quedarse viéndola y se dedicó a disfrutarla, pero otra no podía dejar de preguntarse: ¿cómo es que teniendo todo Netflix a mi alcance preferí ver una película que, si bien me encanta y representa una parte fuerte de mi infancia y mi identidad, ya vi muchas veces y que recuerdo por completo?

Esto era lo que más me interesaba porque, como redactora, la interrogación sobre cómo captar a mis lectores está en mí constantemente. Además, me dedico al estudio de la literatura y estoy muy acostumbrada a analizar cualquier obra con ojo crítico. Entonces, volviendo a mi párrafo inicial, tenía que haber en esta escena una respuesta, obviamente parcial, o bien una pista sobre eso que nos atrapa en cualquier hecho artístico.

Con esta inquietud en mente vi Toy Story 2. O mejor, la observé. No estaba tan concentrada en la trama porque eso ya lo sabía bien.

Me concentré en las formas: no tanto en los qué, sino en los cómo.

El primer procedimiento que observé en esta escena fue la multiplicidad de tomas. Tenemos oportunidad de asistir al proceso de reparación de Woody desde todos los ángulos de visión posibles: desde el plano más general hasta planos detalle como el de sus ojos o las suelas de sus botas.

Esto transmite un mensaje: la idea de “aquí está sucediendo algo fundamental”. Todo este tratamiento a la imagen le da mucha relevancia a lo que está pasando, es necesario verlo de todos lados. Desde la mirada del experto a Woody, desde los ojos de este al hombre, desde los de un exterior a toda la escena e, incluso, desde el interior de la camisa rota que oscurece la imagen conforme la costura acerca las tiras de tela y repara el brazo en cuestión…

En otras palabras, la forma realza el contenido. El modo en que se nos cuenta la restauración de Woody nos da la pauta de que se trata de algo trascendental.

Por otra parte, el hecho de que un señor mayor, especialista en lo suyo, sea el indicado para hacerlo también contribuye a diseñar el mensaje de que esto es un trabajo de suma importancia. Pero no solo tenemos a un viejito profesional, sino que las tomas enfatizan sus rasgos de “hombre mayor y con experiencia”. Vemos su andar pesado, los anteojos hechos especialmente para sus ojos con múltiples lentes de aumento y el temblor de sus dedos (aunque, dicho sea de paso, enhebra el hilo en la aguja con maestría).

Más central aún, algo que pronuncia la idea de que esta reparación es sustancial es esa increíble caja de herramientas. Seguramente varios de nosotros hemos soñado con tener una así para nuestros juguetes y, por otra parte, me arriesgo a decir que en la cabeza de más de uno está sonando la música de esta escena ahora mismo. Todos estos elementos quedaron grabados en nosotros y es interesante preguntarnos cómo sucedió y por qué.

A una labor excepcional, una caja de herramientas insuperable

Este cofre del arte de la reparación tiene todo tipo de recovecos y hay varias tomas que se encargan de que lo sepamos. Desde su tamaño y el modo en que se abre en muchas piezas hasta los cajoncitos llenos de repuestos extravagantes.

Por momentos la escena tiene tintes de intervención quirúrgica: el especialista necesita estar solo y concentrado. Hay elementos cortantes y hay cajones con ojos y brazos: repuestos para juguetes que parecen prótesis. Ante la ansiedad de Al McWhiggin (el villano “fanático” que quiere lucrar con Woody) y su pregunta por cuánto tomará el procedimiento, el “profesional de la salud de juguetes” emite su sentencia: “Lo que tenga que tardar”. También es interesante que en su idioma original le responda “You can’t rush art”.

La potencia está en la forma, ¿y entonces…?

En líneas generales, podemos pensar: el argumento de la película necesitaba que Woody se rompiera y que fuera reparado —con las futuras consecuencias que esto tiene, por ejemplo, la borradura del nombre de Andy en la suela de su bota— pero es la forma en que se representa este suceso aquello que nos resulta tan atractivo. La escena podría durar sólo segundos si del contenido se tratara. Incluso, podría no mostrársenos el proceso de restauración. Por el contrario, los guionistas realzaron especialmente esta escena que es muy distinta a las demás: no hay diálogos ni lenguaje de señas, la música es instrumental (no tiene texto), no es un momento dramático como el peligroso cruce de una avenida, es un evento donde todo se reviste de la mayor seriedad…

Aquí quiero esbozar mi hipótesis: la escena de la reparación de Woody es tan excepcional porque es el único momento de todo Toy Story en que un juguete es tratado como un ser humano viviente.

¡Claro! Nosotros sabemos muy bien que los juguetes de Toy Story están perfectamente vivos, sienten emociones, dolor, se enojan, se enamoran. Pero ninguna persona del mundo ficcional de Toy Story lo sabe.

El trato que Woody recibe en esta escena es completamente inusual, así como lo es también la circunstancia de que una persona interactúe con él como con un igual.

La alucinante caja de herramientas tiene una sillita especial, hecha a medida para juguetes, que se asemeja a la de un peluquero; viene equipada con un paño para posar sobre su pecho para no manchar sus prendas; y hay un perchero pintoresco para sombreros o abrigos para mayor comodidad de quien viva esta experiencia de renovación. Woody no solo recupera su brazo: queda como nuevo. Su cabello ya descolorido recibe la tintura justa, sus ojos recuperan el brillo original, sus mejillas vuelven a estar sonrosadas y sus botas son lustradas.

En fin, la forma tiene una gran potencia a la hora de transmitir un mensaje. Muchas veces su capacidad es incluso más intensa que la del contenido.

Lo que resulta tan atractivo, entonces, en esta escena que me cautivó para ver una vez más la película completa es esta maestría en el tratamiento formal. Y ella se explica en el hecho de que se trate de un momento único e irrepetible: la ocasión inédita de que un juguete sea tratado como un ser vivo por una persona de aquel mundo merece el modo en que este suceso nos es narrado.
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