Descubre qué es la proyección psicológica
Y deja de parecer un pokemon diciendo que todo es proyección.
En los últimos años con el gran auge de estudiantes recién egresados de psicología se han popularizado e insertado en nuestro lenguaje palabras que antes no entendíamos o jamas habíamos escuchado de manera normal.
Un ejemplo claro de esto es el uso de la palabra proyección en conversaciones banales.
Amiga de verdad me cae demasiado mal la ex de mi novio es una estúpida.
La otra: Amiga solo te estas proyectando.Ana y María 21 y 23 años, facultad de humanidades.
Cualquier lugar de sur-américa.
Resulta que este término se ha popularizado tanto que posiblemente hasta en la parte de atrás de un Ruta se pueda leer:

Y realmente se está usando mal, muy mal.
La proyección psicológica es un término apañado por Freud el cual es uno de los nueve métodos de defensa planteados en su teoría de cómo los seres humanos, lidian con cargas emocionales a nivel inconsciente para obtener alivios ante los traumas psíquicos que padecen. Específicamente la proyección es la atribución de características (pensamientos, ideas, juicios etc) propias a terceros.
Hasta ahora se podría decir que es sencillo ¿no?
Sin embargo las cosas ponen densas cuando se entiende que estos mecanismos no son aislados unos de otros y que el aparato psíquico inconsciente pasa de uno a otro para buscar ese ansiado alivio, es decir, que generalmente se encuentran entrelazados y no son oraciones directas como decir: Ese sujeto me cae mal por que es un engreído.
No necesariamente el que te caigan mal los engreídos quiere decir que tu seas uno en el fondo y que debido a tu frustración de no poder ser así sientes aversión por personas que sí lo sean.
No es tan sencillo como eso.
Ojala lo fuera.

Citaré un caso de los textos Freudioanos sobre los mecanismos de defensa.
Elijo como ejemplo el caso de una mujer joven, educadora en una institución. Es la hija intermedia de una familia compuesta de una serie de hermanos y hermanas. En su infancia- padeció una violenta envidia al pene de sus hermanos mayor y menor, y de celos siempre reavivados a causa de repetidos embarazos de la madre. Finalmente, la envidia y los celos combinados en una fuerte hostilidad contra la madre. Pero dado que su fijación amorosa a ésta no era menor que el odio que experimentaba contra ella a un primer período de “desinhibición”, caracterizado por una salvaje indisciplina y rebeldía, siguió un intenso conflicto contra los impulsos negativos. A causa de sus propios sentimientos de odio temió perder el amor materno del cual no podía prescindir, sintió angustia, ante el castigo y se criticó muy severamente por sus prohibidos deseos de venganza. Al entrar en el período de latencia esta situación de angustia y de conflicto de conciencia se aguzó cada vez más, y su yo trató de dominar los impulsos de varias maneras. A fin de resolver el problema de ambivalencia, desplazó hacia afuera un lado de esta. la madre continuó siendo un objeto amado, pero, en adelante, en la vida de la niña siempre existiría una segunda persona importante de sexo femenino intensamente odiada. Mediante este mecanismo la situación se alivió. El odio contra el objeto extraño no se acompañaba de un sentimiento de culpa tan incensó como el vivido contra la madre. Sin embargo, este odio desplazado fue causa de numerosos padecimientos. Con el andar del tiempo este primer desplazamiento resultó insuficiente para dominar la situación. El yo de la niña puso entonces en actividad un segundo mecanismo. Dirigió contra la propia persona el odio hasta ese momento destinado al mundo en torno. Se torturó a sí misma con autoacusaciones y sentimientos de inferioridad, y a través de la infancia y adolescencia hasta la vida adulta hizo cuanto le fue posible a fin de perjudicarse y dañarse, subordinado siempre sus personales exigencias a las de los demás. Desde que empleó este método defensivo, se tornó evidentemente masoquista. Pero tampoco esta medida fue bastante eficaz como para dominar la situación de conflicto. La paciente comenzó entonces a proyectar. El odio que había sentido contra el objeto femenino amado o su sustituto se transformó en la convicción de que ella misma era odiada humillada o perseguida por éstos. Su yo experimentó un alivio del sentimiento de culpabilidad. La niña mala que se autorreprochaba sus malos sentimientos contra las personas de su ambiente, trocóse en una niña martirizada, perjudicada y perseguida. Pero el empleo de este mecanismo dejó en su carácter un permanente rasco paranoico que le dificultó la vida sobremanera, tanto en su infancia como en la edad adulta.
Si lo leyeron todo se habrán reído cuando habla de la envidia del pene, bien incluso el mismo Freud desmintió esa teoría pero eso no desacredita todo el ejemplo, como se puede ver nada es tan sencillo y directo como que al decir que se siente reproche a algo sea un caso de proyección.
Espero quede un poco más claro y que si eres una de esas personas que dicen proyección tres veces en una oración recapacites un poco sobre la profundidad de la palabra.
No seas un pokemon psicológico que solo repite una palabra una y otra vez.

