La historia sin título ni desarrollo pero con fin. Parte 6.

Es injusto ver cómo se desmorona Amparo y no conozcas algo de su pasado. Quizás si supieras algunos eventos de su vida entenderías por qué tenía sus esperanzas puestas en Jack y por qué le dañó irse de la escena.

Amparo era de un pueblo lejano a la ciudad. Su hermana vivía allí desde hace cinco años hasta que ella llegó a la ciudad con el sueño de convertirse en bibliotecaria de la Biblioteca Nacional pero unos giros del destino hicieron que tuviera una gran tienda de libros. Buscando aplicar para la posición soñada, se encontró con un chico que también anhelaba el lugar. Compartían sueños e intereses, pasaron tiempo juntos y se volvieron amigos con rapidez. Ambos sentían que ellos no merecían el puesto, que lo merecía el otro. Sólo era un deseo que tienen las personas indecisas que creen que otro merece más que uno, sin tomar en cuenta las objetividades propias de la situación. Debido a su corta edad e inexperiencia, ambos perdieron la chance ante una señora que conocía los gajes del oficio y procuraría que no los alcance a ella en su puesto -lo logró en poco tiempo.

Amparo estaba desconsolada pero no quería volver a su pueblo y con todo el dinero que tenía alquiló una tienda para vender libros. Durante unos meses vivió en el sillón de su hermana hasta que pudo mudarse. Con el correr del tiempo y el auge literario en la zona, la tienda creció exponencialmente para convertirse en un punto de referencia en la ciudad. El joven estuvo al costado de Amparo, ayudando en lo necesario y consiguiendo escritores para publicar en la tienda. En el segundo aniversario de la tienda, le regaló un punzón para abrir las cajas donde venían los libros ya que ella solía destrozar las cajas y no podían reutilizarlas. (¿Por qué un punzón? Significaba algo especial para él, lo acompañó cada vez que talló una madera. Al no ser el elemento indicado para hacerlo, su arte en madera expresaba sus sentimientos con total naturalidad. Con tristeza le dijo una vez que no quería vivir de eso y que nunca más lo haría.) La amistad se consolidó y floreció el amor entre ellos. Lo que nunca supo ella era que tenía fecha de vencimiento. Así como el destino los juntó, el mismo destino los separó sin palabra de por medio. Un día dejaron de verse: el dejó de ir a la tienda y ella dejó de preocuparse si él aparecía. Nada más natural.

La primera persona que Amparo conoció en la ciudad, su primer amigo, su primer amor, desapareció. Nunca supo nada más de él. Todo obedece a la extraña forma de cómo entra y sale la gente de la vida de uno. Desconocidos, conocidos, amigos, amantes, desconocidos. Los caminos se entrelazan para luego volver a distanciarse en, quizás, segundos.

Si la vuelta de Jack a su casa tras el encontronazo con Amparo fue terrible, ¿qué le quedó a ella? En el estado de ebriedad y tristeza combinados — una muy fea combinación cuando se la sufre -, bloqueó a Jack en su celular. Llegó a su modesto departamento. Se arrojó en su cama entre lágrimas y sollozos. Las sábanas blancas quedaron manchadas por su maquillaje corrido que, por suerte, no olían a Jack. Se quedó dormida de tanto llorar por un hombre que verdaderamente quería. Despertó horas después, comprobando llamadas perdidas de él, mensajes de sus amigas preguntando cómo había terminado su noche. Una de ellas le dijo de orquestar una cita doble, lo cual hizo que volviera a romper en llanto. Le contó a sus amigas lo sucedido y en cuestión de tiempo, se presentaron en su casa.

Quiso deshacerse de todo lo que le recordara a él. Vació su cartera para encontrar el libro que estaba leyendo, un libro nuevo para ser leído, un punzón, maquillaje y su billetera. Nada de eso lo vinculaba a Jack. Intentó limpiarse un poco pero la casi totalidad del maquillaje estaba impregnado en sus sábanas y almohada. Para cuando sus amigas llegaron, ella intentaba recordar lo sucedido. Narró lo sucedido según los efectos del vino. Contó cómo sintió desmoronarse su mundo al ver al hombre que quería besar a otra mujer, cuán bien sintió abofetear a esa chica y cuán feo fue dañar la mejilla de Jack. Explicó que el beso en su mano fue para demostrarle que lo quería pero que eso era difícil de perdonar. Deseaba haber tenido una bella y duradera relación con él antes de que de alguna forma, todo terminara.

Sus amigas recomendaron no verlo jamás, borrarlo de su vida, cómo su primer amor hizo con ella y ella hizo con él. Para ello, una amiga la invitó a irse de vacaciones por unas semanas. Ella llamó a su hermana para contarle lo sucedido, pidiéndole que la cubra en la tienda. Más tarde, partieron.

En los días de vacaciones con su amiga, Amparo no atendió los llamados de Jack. Necesitaba olvidarse de él. No quería saber de su existencia, ni siquiera conocer su punto de vista acerca del incidente. Ella sabía que sólo conocía una parte de lo sucedido, desconocía si él quería besarla o no. Una parte de ella sabía que él no quería que sucediera: Jack no tomó la iniciativa del beso e intentó comunicarse con ella, eso jugaba a su favor. Por otra parte, él no hizo nada para evitarlo ni la detuvo en su escapada. Intentó reflexionar en el palacio de su mente, ese lugar impenetrable, donde nadie jamás sabría qué pensamientos la recorren, para hacer memoria de lo sucedido. La única decisión que hizo fue intentar no volver a verlo ni saber de él. Le pareció difícil de llevar a cabo teniendo en cuenta por todo lo que pasaron en tan poco tiempo. Es increíble todo lo que puede suceder en cuestión de días, incluso en cuestión de simples momentos breves.

Durante ese breve tiempo desconectada del mundo, le comentó a su hermana todo lo sucedido mediante algunos llamados. Su hermana no supo qué decir con respecto a la situación aunque le dijo que no se preocupara por el trabajo, que ella podía ocuparse. Le preguntó qué hacer ante la eventualidad de que Jack se presentase buscándola. Le dijo que lo escuchara y decidiera, sea cual sea su decisión, no cambiaría nada. Lo único que le pidió fue que no le diga dónde vivía.

El tiempo transcurrió y Amparo fue aceptando lo sucedido. Hizo una especie de duelo. Se prometió tomar un tiempo prudencial en conocer a las próximas personas que se encuentre en su vida. ¿Que haría de encontrarse con Jack nuevamente? No lo sabía. Lo único que sabía es que en su departamento había una carta de él para ella. Se lo comunicó su hermana diciendo que quizás podía haber explicaciones necesarias para que ella tome la decisión final.

En la vuelta, su amiga repitió constantemente con énfasis en no darle importancia a la carta. Enumeró varias razones por la cual ella no debía abrirla, leerla ni entrar en contacto con él, a pesar de que él nunca sabría si la leyó o no. Tenía cierta ventaja y pensaba utilizarla. Llegar a su departamento, leer la carta y consultar las dudas que surjan con su hermana, una de las personas que mejor la conocía. Ella deseaba darle una oportunidad para por lo menos despedirse pero la idea de no verlo nunca más seguía firme. La despedida sería una especie de cierre. Varias posibilidades podían darse: la menos factible a su entender era recomponer la situación y lentamente darle chances para que se redima aunque también podía hacer lo posible para evitar encontrarse con él. Decidió tomarse la situación con la mayor calma posible. Eso no significaba que lo haría calmada sino que lo analizaría detalladamente y no se apuraría a llegar a una decisión. No le importó lo que sucediera con Jack en el mientras tanto. Ella se encontraba dolida por la situación, comenzó a confiar en alguien que, con su obrar, la hirió logrando una suerte de muerte emocional. Amparo dejó de ser la misma que había sido. Construyó un muro invisible que rodeaba la accesibilidad a su sentimientos y sólo ella podía derribarlo, para hacerlo, debía volverse vulnerable. La vulnerabilidad implica darle conocimientos sobre ella a alguien que pudiera usarlos en su contra. A veces se lo llama conocer a alguien.

Tomándose varios días para pensar la decisión, buscó el consejo de su hermana. Ella le respondió algo que temía oír: “ya sos grande”, “es tu vida” y “tomá tu decisión”. Sabía que ella no quería responsabilizarse por lo que Amparo decida y en cierto punto apoyaba la decisión. Comparando su relación pasada con el chico que conoció al llegar a la ciudad sabía que la mejor decisión era un nuevo encuentro pactado. Se podría llegar a cierta decisión conjunta: dejar de verse, retomar desde el incidente o seguir como si nada hubiese pasado.

Por lo pronto, debía prepararse emocionalmente para aceptar la decisión que ya había tomado.