Sábado, 28 de noviembre

Corrí a treparme por tu pierna, clavándote mis uñas, escurriéndote la sangre. Cuando llegué a tu pecho, me acurrucaste y te pasé mi fiebre, nos estremecimos y tambaléanos. Mirándote a los ojos dije “No nací sino para quererte, por vos me moriría y por vos me muero”. Levantaste mi mirada y cuando me vi en tus ojos ya no era el animalejo gris, solitario y apenado que solían devolverme los reflejos, sino una mujer llorando, amándote y sonriendo.

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