¿Cómo me siento?

Es la pregunta más difícil de responder en este mismo momento porque siento que todo se acaba en mí.

La noche me preguntó cómo me sentía, al contarle rompió en llanto inundando toda esta ciudad con lágrimas.

El cielo se desahogaba mientras yo me inundaba de malestares, dolores, pensamientos innecesarios que solo dañan la alegría. Recuerdos que no permiten que uno sonría ni avance, recuerdos que te estancan, te dejan tirado, ahogado en aguas que salen como lagrima de bebé hambriento.

Acabado es poca cosa cuando solo quedan despojos de lo que alguna vez fue, de lo que alguna vez fuiste y te queda solo “avanzar”.

Qué palabrita de mierda que me entra por el oído pero no llega a la mente porque la mente se estancó en un charco de recuerdos, está tan empapado en esos recuerdos que prefiere quedarse ahí, mojarse más, empaparse por completo y hacer berrinches para no salir ni avanzar.

Y es que uno no puede avanzar cuando lo atormentan los fantasmas que a toda costa te detienen, te lavan el cerebro, te ponen cadenas y no te dejan escapar.

Fingir uno olvida, pintar una sonrisa donde en verdad hay una cara adolorida, maquillar las ojeras con falsa fortaleza y decirse a uno mismo “ya está, ya pasó y vos estás bien”. ¡No, uno no estoy bien! Estoy tratando de que todo esté mejor, pero no está bien.

Hay situaciones, momentos, recuerdos, miradas, sonrisas y hasta canciones que te arrastran de vuelta al charco, que te vuelven a encadenar y no te quieren dejar.