Slow Life: Administra tu energía.
Llega Marzo y también el rechazo que hemos desarrollado a esta época año tras año.
Hola,
Opté por no salir de vacaciones en febrero, me he quedado lo que va del mes en Santiago de Chile, viviendo y “soñando” quizá con que Santiago podría ser siempre una ciudad amable, tranquila y sin bocinazos como lo es actualmente. Marzo significa para muchos santiaguinos: Gastos, volver a estudiar y/o a trabajar, el desafío… El ruido en las calles, las quejas de automovilistas del tipo:- “¿por qué vas en bici en la calle? no en una ciclovía” En definitiva, es incorporarse de nuevo a la máquina, acelerar y luchar.
Hay quienes se toman esto con más calma y de una manera menos terrible, somos los adeptos al movimiento: Slow Life, esta filosofía se basa en desacelerar nuestro ritmo de vida actual en pro de experiencias más intensas y vividas al máximo disfrute.
Cuando lo escuché por primera vez dije: -“otra utopía hippienta”, pero leyendo un poco más realmente le encontré sentido; la idea es evaluar todo lo que hacemos en el día y detenernos a vivir cada experiencia de manera única, con el fin de disfrutar las cosas que son agradables y que le dan sentido a la vida. Por lo general, decir que algo es lento o pausado tiene connotaciones negativas, porque vivimos en una sociedad que nos enseña diariamente que más rápido es mejor, que hacer más cosas es más productivo aún cuando se hagan a medias y no se disfruten del todo.
Este movimiento se desprende de otro más específico: El “Slow Food”, este comenzó en 1986 en Italia, cuando las grandes cadenas de comida rápida se estaban instalando en las ciudades europeas. Ante esta virtual invasión, se organizaron protestas y actos de oposición a esto, porque veían vulnerada la producción local de insumos orgánicos y querían que sus mercados se mantuvieran en la región de manera sustentable, pero principalmente porque no querían adoptar la cultura del “Fast Food”. Como medida de contención se comenzaron a instalar locales de comida “Slow Food” que orientaban sus menús a alimentos saludables, elaborados con productos locales y frescos, una vez creado esto, los clientes ampliaron el concepto a todos los ámbitos de su vida llegando finalmente al: Slow Life.
Si llevamos esta filosofía a acciones no quiere decir que seamos lentos para todo, es obvio que existen situaciones en las que el tiempo apremia y se debe actuar con rapidez, pero hay situaciones que ahora nos parecen cotidianas y no las disfrutamos como deberíamos. Cosas importantes como disfrutar del trabajo que realizamos, enamorar diariamente a nuestra pareja, desarrollar y descubrir nuevas facetas que teníamos ahí, sin conocer… También cosas pequeñas, detalles como comer saludable y disfrutar de cada bocado, mirar por la ventana en los viajes, realizar un pasatiempo que nos entretenga, divertirse en una reunión con amigos sin estar pendientes del celular, hacer ejercicio al aire libre, son la base de esta filosofía.
Si lo pensamos es algo simple, pero en la práctica quizás no sea tan fácil. Yo partí haciendo el ejercicio de evaluar qué cosas son realmente urgentes y prioritarias y créame, me demoré mucho. Esto pasa porque muchas de las acciones que realizamos hoy en día están “disfrazadas” de importantes, pero en su trasfondo, tienen valores agregados que no son los trascendentales. Durante mucho tiempo los lujos a los que aspirábamos eran cosas materiales y títulos pomposos, pero hoy el verdadero lujo es el tiempo, ser dueño de nuestras vidas y no ser esclavos de la rutina. El Slow Life, es una manera de luchar contra la inercia de nuestros quehaceres automatizados, tomar el control y decidir cómo queremos vivir cada día. Creo que en Chile, es posible vivir de esta forma, aún tenemos hermosos paisajes que visitar, gente que vale la pena conocer, música alegre para bailar, alimentos autóctonos que saborear y sobre todo una juventud espiritual que podemos prolongar a través del ejercicio y desarrollo de nuestra inteligencia emocional.
Debemos repasar una vez más y evaluarnos integralmente para no olvidarnos de nosotros mismos.
No existe la falta de tiempo, existe la falta de interés, porque cuando las personas realmente quieren, la madrugada se vuelve día; un martes se vuelve sábado, el fin de semana más eficiente y encantador. Un momento se vuelve oportunidad: Administra tu energía.