4 de febrero

He cambiado de piel
como las serpientes
y ahora no sé si tengo frío.

Tú dices que me entiendes
pero permíteme desdecirte:
no me entiendo ni yo.

Ojalá las palabras salieran de mi boca 
tan rápido como de mis dedos.

Pero me quedo callada
hasta que tengo algo que decir.

Aquí.

Una hoja llena de letras 
que dejó vacías 
todas las conversaciones
que pudimos vivir.