Amigo de la noche


Nada más lento que la noche,
nada más duradero que el silencio,

el sonido de la nostalgia:
un grito hacia dentro,
en la penumbra,
frente a la ventana,
ante el recuerdo,
el abrazo a la ausencia,
el beso con las paredes frías,
la caricia de los dedos,
y la cama que se retuerce conmigo.

El retorno a mi pesadumbre,
por una noche,
vale la pena ver las estrellas,
conejos en el piso.

Ecos de televisores atraviesan la oscuridad:
alguien mata a alguien,
las noticias que nadie quiere escuchar,
la telenovela que da asco;
la saliva agria de medianoche,
la humedad pegajosa,
los miasmas del refrigerador,
mi memoria en los pasos que diste frente a mí,
sin hablarme.

No poder precisar qué,
pero saber que está ahí,
dentro de uno,
sentirlo en el pecho y no saber qué es:
el retorno a mi pesadumbre,
sin hablarme.

No es fácil ser amigo de los párpados.

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