Hacerlas concha


Esta semana encontraron a una adolescente embarazada enterrada en el patio de la casa de su novio. Chiara Páez era su nombre. “El crimen de Rufino” dicen los medios, porque cuando las personas dejan de ser pasan a ser su pueblo, su profesión “la maestra asesinada”, su edad “la adolescente muerta”. Su cuerpo se sumó a la pila donde están Ángeles Rawson, Serena Rodríguez, Melina Romero, Daiana García, Lola Chomnalez y tantas más que seguramente no eran ni tan blanquitas ni tan jóvenes como para llegar a los medios.

La pila de cuerpos se desmoronó y ya no sabemos qué hacer con ese enchastre de violadas, tiradas a la basura, ahorcadas, quemadas con ácido, golpeadas, enterradas. Son como perros muertos al costado de la ruta, son lejanas. De hecho, lo primero que piden sus familiares además de justicia es que pensemos en nuestras hijas, madres, esposas, hermanas, porque si está muy lejos no sucede, entonces tiene que estar cerca y, es verdad, está cerca.

#NiUnaMenos es el Hashtag para que sigan estando cerca con el que se convoca a una marcha y la consigna es la implementación de la Ley de Protección Integral a las Mujeres. Ley que está vigente pero en la práctica no se implementa.

Y con la marcha nace la discusión. Primero porque no terminamos de entender el propósito verdadero de la marchas ya que de alguna forma su impacto está devaluado porque “nadie se fue” porque a “Nisman no lo mataron”, etc. Y segundo porque a ésta marcha se suman, además, las lagunas de nuestra sociedad para entender y terminar de dar lugar al tema más allá del “fenómeno”. Las principales críticas cuestionan el por qué de una marcha contra el femicidio, es decir, por qué una marcha que sólo reclame por la muerte de mujeres y no por el derecho a la vida en general. “Marcha narcisista”, “autotestimonial”, leí por ahí.

No voy a entrar en el tema feminismo, idea que también encontré por ahí (mal) asociada a la marcha, sobre todo porque estoy de acuerdo con salvar al feminismo de las feministas. Pero sí me parece oportuno bancar esta marcha, la idea de esta marcha, el espíritu de esta marcha.

Tiene lógica no licuar este reclamo en el reclamo generalizado sobre la inseguridad, y la definición de femicidio nos da el porque. Todos repudiamos el acto de matar a un ser humano pero es importante, frente a la realidad de nuestra sociedad hoy, repudiar específicamente a quienes van contra las mujeres por el sólo hecho de serlo, porque sienten propiedad sobre ellas, sienten poder y desprecio, y asesinan motivados por la misoginia.

Creo que esta marcha quiere poner esto en agenda, que eduquemos y criemos para que nuestros hijos no se crean con derechos sobre nuestras hijas y para que nuestras hijas crezcan sabiendo eso, para desterrar definitivamente la idea de que la mujer es en función al hombre.

Creo que hay que marchar para repudiar a esos asesinos pero sobre todo para hacernos cargos de esos pequeños detalles que sembramos todos los días y que, en alguna medida, alimentan un imaginario de sometimiento que luego un sorete concreta cuando le pega a una piba porque no hizo, dijo o luce como a él le parece, u otro cuando le clava varias puñaladas a otra y la tira a la basura porque ella se quería separar, o por nada, porque puede, da lo mismo.

Por supuesto que no es lo mismo que un chico le toque el culo a una chica sin su permiso a que la mate, pero sería inteligente de nuestra parte sondear hasta dónde llega esa flexibilización de los límites.

Cada uno estira y sabe hasta dónde y algunos estiran hasta que rompen.

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