Mi amor

Escribir sin pensar, pensar escribiendo, escribo para pensar, pienso y escribo. Así todos los días. Ya sea en una hoja, servilleta, computadora, celular. Escribo lo más que puedo y sobre lo que sea. Mi “amor” por escribir comenzó seis años atrás. En realidad, ese fue el momento que lo descubrí, mi “amor” venía de antes. Lo descubrí un verano que todas mis amigas se fueron de vacaciones y yo me quedé en casa. No hacía mucho más que ir a la librería, comprar libros, leerlos en un día y repetir lo mismo al día siguiente. Así hasta que una noche que no podía dormir, se me vino a la mente una frase. No, no me acuerdo ahora cual era, pero esta escrita en algún cuaderno viejo. La frase no se me iba de la cabeza y no podía dormir. Necesitaba escribirla. Comenzó en una frase y terminó en mi primer poema. Luego de eso fueron noches enteras de escribir, borrar, tachar, volver a escribir. Cuadernos llenos de palabras de amor de una adolescente que tenía más amor a la escritura que a una persona en sí. Ya pasaron seis años y todas las noches me pasa lo mismo. Palabras que se me vienen todas juntas como si estuviesen hechas para ser escritas. Pienso textos enteros en mi cabeza y digo: “Si, podría ser bueno. Después lo escribo”. Hoy las ganas de no hacer nada me ganan a la hora de escribir.