King’s Dragon, o el euro mejor gastado

Soy fan de la fantasía épica. Desde que era muy pequeña ha sido uno de mis géneros literarios favoritos, y uno de mis primeros intentos de novela, que jamás verá la luz, fue una larguísima serie inspirada en el universo Dragonlance (!) que traté de escribir con ayuda de varios amigos del colegio a los once años.

Ha llovido bastante desde entonces, y mis gustos han cambiado, pero sigo disfrutando los cuentos sobre caballeros, magia y demases como pocas cosas. La diferencia principal es que ahora tengo (algo más de) criterio, y aparte de las aventuras de rigor busco también algo de calidad literaria.

Encontré King’s Dragon, de Kate Elliott, en un mercadillo irlandés. Es la primera parte de una saga compuesta por siete libros, me costó un euro, y junto con él compré también una novela de Star Trek para regalársela a una amiga, así por las risas. No tenía expectativas: lo único que buscaba era pasar un rato entretenido.

Me lo empecé esa tarde; a la mañana siguiente, me había terminado las seiscientas páginas del libro y estaba buscando los demás de la saga por Internet.

Una Europa que nunca fue

A nivel de ambientación, la autora combina un escenario bastante poco original (una imaginaria Europa medieval, con su Iglesia y sus nobles y demás) con una profundidad en materia de investigación y construcción del mundo que resulta totalmente ejemplar. Si echáis un ojo por la página del libro en Goodreads, veréis que le falta ritmo, que mucha gente encuentra el desarrollo de la historia lento, que le sobran apéndices y que a veces resulta expositivo en demasía: sin embargo, el universo que resulta es una cosa fascinante, que bebe de textos de la literatura clásica, tanto griega y romana como musulmana o cristiana, y que representa de forma fidedigna elementos tan prosaicos (y a menudo olvidados) como las distintas razas, los roles de género, y cómo funcionan los seres humanos dentro de una sociedad que impide el movimiento entre clases sociales.

Y es de esto concretamente de lo que me gustaría hablar.

Relaciones abusivas bien escritas y otros unicornios

En estos tiempos de sombras, Grays y juegos de tronos, sigue siendo raro encontrar representaciones realistas de relaciones abusivas y situaciones de violencia de género que además resulten condenadas en la narrativa. Especialmente en textos y otros medios que se consideran populares, poco serios, como pueden ser series de televisión, bestsellers, o novelas de fanasía. Los dragones y la magia bien, pero una representación real y respetuosa con consecuencias reales de una situación como la que aún viven las mujeres en la sociedad actual ya no: es incoherente y rompe el pacto con el espectador, aunque forma parte de nuestra realidad diaria y somos bombardeados con ello desde todos los medios posibles de forma continua.

[Aviso para navegantes: a partir de aquí hay spoilers de King’s Dragon, y además se describen situaciones de violencia doméstica y de género.]

King’s Dragon cuenta con varios personajes principales. Uno de ellos es Liath, una adolescente huérfana de madre que nada más empezar el libro pierde también a su padre. Sola, perseguida por unos asesinos misteriosos con poderes mágicos y condenada a la esclavitud debido a las deudas contraídas por su progenitor, queda bajo el control de un religioso, Hugh, que empieza por convertirla en su sirvienta y acaba anulándola como persona.

Desde el principio, Hugh está en una situación de superioridad sobre ella: él es un religioso, el hijo bastardo de una noble de alto rango, y cuenta con todo el respaldo de la sociedad; Liath, por su parte, es una chica inteligente y capaz que se encuentra en una situación de desamparo absoluto. Es una propiedad más de él, y como tal, él puede hacer todo lo que quiera con ella, y ella debe callar y tragar y soportar además los comentarios bienintencionados de los que la rodean, que no entienden en qué encuentra queja. Las cosas “son así”, y ella tiene “muy mal carácter” y “se lo merece”. Hugh quiere desde el principio poseer de forma completa el alma y el cuerpo de Liath, que en la novela se hayan encarnados en la figura de un libro, lo único que ella conserva de su padre; todo lo que Hugh hace está encaminado para conseguir ese libro, y de esta forma maltrata física y mentalmente a Liath, la separa de sus seres queridos (de la relación de Liath con Hanna, su mejor amiga, también podría hablar mucho por lo poco común) y poco a poco mella todas sus defensas. Finalmente, Liath cede, le da el libro a Hugh, se convierte en su concubina, y se resigna a su destino.

Y sin la intervención de Hanna, Liath probablemente habría seguido con Hugh hasta su muerte. Sin embargo, es Hanna la única que la escucha; es ella la que se las ingenia para sacar a Liath de esa situación, la que salva su vida y la acoge tras casi morir de una paliza de Hugh. Y es en ella en la Liath se apoya en su vida después de Hugh.

Liath, con poco más de diecisiete años, es una superviviente de abuso y muestra todos los síntomas del trastorno de síndrome postraumático. En muchas ocasiones, ni siquiera es del todo funcional: el terror hacia Hugh y la creencia en su omnipotencia siguen siendo una parte fundamental de su vida aún un año después. Y todo esto es narrado de forma realista y respetuosa y no consume completamente la historia personal de Liath, que además es una mujer de color y uno de los protagonistas de la saga.