Uber: Que No Gane el Más Fuerte

por Federico N. Fernández* **

Eduardo es un chofer de Uber que nos llevó, a mi novia y a mí, desde el centro de Capital Federal hasta el aeropuerto de Ezeiza el martes 30 de agosto. Justo por esos días la persecución político-judicial contra Uber se había intensificado. Una jueza porteña acababa de prohibir a los servicios de Pago Fácil, Rapipago, Neteller y CardNow cobrar viajes realizados por Uber. Esto se suman al cobarde y lamentable accionar de las tarjetas de crédito como Visa y American Express.

En cualquier caso, el viaje con Eduardo se nos hizo muy llevadero. Charlamos de muchas cosas y en un momento nos contó cómo se había hecho chofer de Uber. Desde hacía un tiempo estaba desocupado. Y lo preocupaba mucho ver cómo sus ahorros iban camino a desvancerse ante la falta de ingresos frescos. Cuando Uber desembarcó en la ciudad de Buenos Aires, él no sabía casi nada de la empresa. Pero intuyó que podía ser una manera de generar dinero. Se puso en contacto con la empresa y participó de la reunión instructiva. Así, hace poco más de un mes y medio empezó como chofer.

La historia, que hasta acá ya sería con final feliz, no termina.

Eduardo nos contó también que la empresa Uber ofrece a sus choferes algo así como “horas promocionales”. ¿De qué se trata eso? Bueno, si entendí bien es de la siguiente manera. Entre las 12 y las 13 horas, por poner un ejemplo, Uber se compromete a pagarles a sus choferes 200 pesos por viaje. Si el viaje fue cobrado por 40, Uber pone los 160 mangos restantes. Eduardo nos explicaba que estas horas promocionales pueden representar un incremento de ingresos muy interesante para los choferes.

¿Y quiénes pueden acceder a estas horas promocionales.? No son todos los choferes… y lo más interesante es que el requisito más importante es que tengan un promedio muy alto respecto de las calificaciones que le han puesto sus pasajeros.

[Uber] es la meritocracia en estado puro

Explico para los que no conocen Uber aún. La app te permite un montón de cosas. Saber quién te viene a buscar, con qué auto y la chapa patente del mismo. También podés ver el trayecto que hacés, podés compartirlo con otras personas (para que sepas adónde estás y cuándo vas a llegar). Para pagar nunca usás cash, ya que se debita del medio de pago que tenés cargado.

Y otra cosa fantástica que tiene Uber es que, tras todo viaje, uno califica a su chofer. Y si un chofer recibe calificaciones negativas es primero apercibido y luego quitado de la nómina. No maneja más para la empresa.

Entonces, lo que hace Uber con las horas promocionales es sencillamente premiar a quienes nos tratan bien. Con Uber ganás más plata mientras mejor manejás, más eficiente es el camino que tomás y más amable sos con el pasajero. Es la meritocracia en estado puro.

Y aún más, Uber hace imposible que aumentes tus ingresos “paseando” a tus clientes o dándoles billetes falsos.

Por todo esto, se ve claro que cuando la jueza que puso la prohibición de cobrar viajes de Uber dice que “los usuarios de la firma Uber se encuentran desprotegidos por cuanto estarían contratando con un servicio de transporte de pasajeros que no se encuentra habilitado, cuyo conductor no posee licencia de conductor profesional y que no cuenta con un seguro acorde a la actividad” no entiende nada.

Uber es una empresa del siglo XXI a la que quieren regular tipos con mentalidad de las cavernas

Uber es la innovación al servicio del pasajero, de su seguridad y su control. Uber es una empresa del siglo XXI a la que quieren regular tipos con mentalidad de las cavernas. Si queremos progresar, la innovación no tiene que pedir permiso. Tiene que tener siempre las puertas abiertas.

Dicen que la ley del más más fuerte es la ley de la selva. ¿Quién es el más fuerte? No es uno en realidad, son varios.

El más fuerte, por empezar, es el “Duce” Horacio Rodríguez Larreta, que empezó la persecución política de Uber ni bien llegó a “su” ciudad.

El más fuerte es el sindicato de taxis, que no dudó en usar la violencia.

El más fuerte es un Andy Freire, que se sacó los jeans y zapatillas de emprendedor y se puso la corbata asfixiante del burócrata.

El más fuerte son los jueces retardatarios y caducos, que no entienden el cambio que vivimos.

¿Y el débil?

El débil son los tipos como Eduardo. Personas que dan un servicio mejor, más seguro y encima más barato. Gente que simplemente quiere trabajar. Sin lobby, sin rosca política y sin aprietes mafiosos. Mujeres y hombres que no le imponen nada a nadie. Sólo dan un servicio, y tratan de que vos y yo los elijamos.

Si queremos verdaderamente cambiar nuestro país, tienen que empezar a ganar los débiles. O mejor aún, tienen que empezar a ganar los buenos.

* Federico N. Fernández es senior fellow del Austrian Economics Center (Viena, Austria) y Vicepresidente de la Fundación Bases (Rosario, Argentina).

** Las opiniones vertidas en este post son a título personal y no reflejan necesariamente la visión de las instituciones a las que pertenezco.


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