Reflexiones Pedagógicas en torno a la práctica

Cesto de los Tesoros, 2017

Caracterización de las Experiencias

Es un hecho que la estrategia del Cesto de los Tesoros nos permite trabajar los diferentes aspectos del desarrollo de bebés entre 6 y 12 meses (Majem y Ódena, 2007). Y es que esta estrategia aborda elementos esenciales de exploración para que los y las bebés comiencen a construir sus propios conocimientos del mundo (Dahlberg, Moss & Pence, 2005)

Elementos utilizados en los cestos de los tesoros

Así, mis experiencias en sala cuna menor se han remitido a presentar cesto de tesoros con temática de elementos de la cocina, presentando elementos de diversos materiales, pesos, texturas, formas y sonoridad, tal como lo señala la ilustración.

Sin embargo, dicha estrategia invita a las educadoras a desafiar sus propias capacidades de documentación[i]: si bien es cierto que esta estrategia consiste en entregar al bebé una serie de elementos que ofrezcan una diversidad de características, tales como de peso, textura, color, olor, entre muchos otros (Majem y Ódena, 2007), creo que el real desafío para las y los educadores de temprana infancia consiste en identificar qué es lo que realmente le interesa descubrir y explorar de los elementos.

En este contexto, me surge el cuestionamiento en relación a ¿qué otras experiencias podemos llevar a cabo en sala cuna que trascienda el cesto de los tesoros?, ¿de qué manera se pueden identificar intereses en los y las bebés? ¿de qué forma puedo acoger estos intereses e invitar a los y las bebés a que descubran los elementos según sus intereses, sin transgredir la normativa protocolar del centro?

Marco Teórico

De acuerdo a Bredekamp, Koralek & Charner (2013), los bebés — cuyas edades fluctúan entre los 8 y 18 meses — tienen su foco de desarrollo en lo motriz; es decir, buscan ensayar sus movimientos y estimular sus músculos en la medida que toman, chupan y gatean hacia objetos, o bien interactúan con el entorno. Tienen su propio juego de exploración, sin vinculación con el adulto y/o pares, pues buscan darle sentido al mundo que los rodea a través de la exploración por medio de todos sus sentidos. (Bredekamp, Koralek & Charner, 2013)

A pesar de lo anterior, las y los educadores debemos siempre mantener nuestra actitud responsiva, sensible y atingente (Bredekamp, Koralek & Charner, 2013) frente a las necesidades que surjan en ellos. De la misma manera, Hamre, La Paro, Pianta y LoCasale (2014) acuñan el término de cuidado sensible, el cual “construye una base de confianza y seguridad, y apoya a los bebés mientras exploran y aprenden sobre el mundo que los rodea” (p.2); y es que el cuidado sensible implica reconocer que cada bebé tiene y manifiesta sus preferencias, aptitudes y necesidades (Hamre, La Paro, Pianta y LoCasale, 2014)

Por cierto, la principal labor de las/os educadoras/es es la de ampliar sus experiencias con el entorno, seguir las iniciativas de los y las bebés, participar de las interacciones — y respetar sus espacios cuando el bebé no sigue la interacción -, ser un reflejo de comportamiento y los sonidos de los bebés y, por cierto, ser sensible antes sus necesidades (Hamre, La Paro, Pianta y LoCasale, 2014)

Así, las experiencias deben estar enfocadas en la intrínseca habilidad de los y las bebés por conocer su entorno, pues tal como establecen Quintanilla, Orellana y Daza (2010), los niños desde su más temprana edad están demostrando habilidades científicas, principalmente de observación y exploración multi sensorial, permitiendo potenciar las ciencias naturales desde los intereses de los y las bebés.

Es en estas experiencias en las que el adulto debe seguir las iniciativas de los y las bebés, apoyando la exploración, pero — por sobre todo — permitir a los y las bebés que puedan elegir: en este sentido, por cierto que el cesto brinda esta posibilidad con sus diferentes materiales, puesto que “con todos estos objetos, el niño va aprendiendo a elegir y a decidir qué quiere hacer” (Majem y Ódena, 2007, p.9)

En conclusión, más allá de cuestionar la utilidad y efectividad del cesto de los tesoros, creo que el desafío es innovar con esta estrategia en como la presentamos a los y las bebés y la intencionalidad que como educadoras le otorgamos al proceso de co-construir un cesto de los tesoros interesantes y desafiantes para la curiosidad de ellos y ellas.

Implementación: La naturaleza en nuestra sala

En la siguiente secuencia de imágenes, se observa una nueva implementación de cestos de los tesoros, en los que — de acuerdo a una temática — se ofrecen elementos por día. En ellos, las educadoras deben identificar los elementos que los y las bebés prefirieron con mayor frecuencia, para así construir en el transcurso de la semana los intereses de los y las bebés y poder ofrecer una nueva temática de exploración, o bien implementar nuevos elementos o nuevas experiencias para así enriquecer el cesto cada semana.

Secuencia de exploración de elementos naturales durante una semana

En esta ocasión, la temática fue la naturaleza y que los y las bebés pudiesen manipular elementos de ella de manera libre. Dependiendo de la asistencia del grupo, proponía grupos con el material en diferentes espacios, de manera que aquellos que afianzaron su gateo puedan acercarse al grupo que prefiera, o bien, pueda desplazarse en el transcurso de la experiencia.

Un aspecto desafiante fue el de invitar a las adultas en sala dar el espacio para que los y las bebés fueran los protagonistas de la exploración y ellas pudieran remitirse a seguir las iniciativas de ellos mismos; sin embargo, con el paso de los días, el equipo pudo crear el espacio de confianza y seguridad sin interferir en las exploraciones de los y las bebés con los elementos.

Finalmente, los y las bebés se vieron muy interesados por el material: si bien, las piñas silvestres fueron las que tuvieron un alto porcentaje de rechazo por parte de los bebés en la primera instancia, con la mediación oportuna en el cesto de los tesoros, los bebés exploraron el material con mayor seguridad y confianza; además, tenían la posibilidad de escoger el elemento a explorar durante el cesto de los tesoros, por lo que su aprendizaje no se detuvo, puesto que no solo identificó aquello que le agradaba, sino también aquello que no era de su preferencia y/o comodidad.

En conclusión, considero que el cesto de los tesoros si es la estrategia primordial a implementar en sala cuna, puesto nos desafía a detectar intereses y poder buscar elementos que puedan responder y desafiar su curiosidad. Me parece que poder construir cestos en conjunto a los bebés nos permite como educadoras validar a los y las bebés como personas que manifiestan preferencias e intereses y que éstos deben ser escuchados, respetados y acogidos.

De ahí la importancia de comprender como los diferente lenguajes de los bebés (Moss, 2010), puesto que nos sitúa frente a los y las bebés como un aprendiz de sus necesidades e intereses y de cómo nosotras — en función de la reflexión y la observación atenta — podemos acoger estas necesidades y ampliar sus experiencias con el mundo; es más, nosotras somos las responsables de acompañar este proceso y hacer que la exploración y el descubrimiento del mundo sea un goce que en el futuro, se transformará en el placer por aprender. Así, como educadoras tenemos esta labor, la cual debe estar llena de amor, pues es “esta actitud amorosa de aceptar la legitimidad del otro” (Hoyuelos, S/f, p.16)


Referencias Bibliográficas

Bredekamp, S., Koralek, D. & Charner, K. (2013) Developmentally appropiate practice focus on infants and toddlers. Washington, DC: national Association for the Education od Young Children. Chapter 3

Dahlber, G., Moss, P. & Pence, A. (2005) Más allá de la calidad en Educación. GRAÓ: Barcelona

Hamre, B., LaParo, K., Pianta, R. & LoCasale, J. (2014) Classroom Assessment Scoring System (CLASS). Manual babies. Baltimore. Brooks Publishing

Hoyuelos (S/f) Los tiempos de la infancia

Majem, T. y Ódena, P. (2007) Descubrir jugando. Ediciones Octaedro. S.L. Ballén, Barcelona.

Moss, P. (2010) ¿cuál es la imagen de niños que tenemos? En Nota de la UNESCO sobre las políticas de la Primera Infancia. París, Francia.

Tardos, A. (1992) La mano de la educadora En Revista Infancia N°11

[i] La documentación Pedagógica “reconoce que es posible tener imágenes múltiples y busca ofrecer un ejemplo del potencial de hacer explícita la construcción de niño” (Moss, 2010, p.1)
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