Es el algoritmo estúpido

De como las redes sociales, sus algoritmos y la carga viral de la indignación nos están convirtiendo en sociedades oscuras, intolerantes e impredecibles.

Nunca hubo en la historia de la humanidad una era que pueda iluminar tanto como la nuestra. A veces damos por sentado cosas maravillosas. Estamos a un click del conocimiento universal. Todo saber, arte o tecnología se nos regala en segundos. Hace 20 años, cuando Internet llegaba a los medios se la nombraba como “La gran autopista de la información” o “Se puede navegar y encontrar todo”, lo cual es interesante pues no existía Wikipedia y más del 90% del mundo era analógico. Hoy, podemos decir que el sueño noventoso es real, sin embargo no nos importa. Usamos Internet de muchas maneras posibles, pero se destaca la necesidad del autoconvencimiento y el consumo de información indiscriminada.

Esa utopía enciclopédica no fue errónea, sin embargo tiene un recorte fundamental que cambia toda la ecuación. Internet no es una red vertical en donde hay un criterio de edición central sino un mar de contenidos jerarquizados por los criterios de búsqueda y la viralidad.

Ante la masividad de contenido que existe en red, tenemos estas dos vías para acceder al contenido. Los criterios de búsqueda son algoritmos generados por los grandes jugadores de la red para orientar la demanda. Esto lo sabemos hace años, pero lo repasaremos brevemente: Si yo quiero encontrar material sobre caballos árabes, iré a Google o cualquier buscador con mi necesidad y decidirá en que orden listar el contenido según una fórmula preestablecida. Estas decisiones no son inocentes. ¿Privilegiará una cercanía espacial? ¿Temática? ¿De popularidad? Todo aquel que haya hecho SEO o marketing de buscadores, sabe que no estar en los parámetros priorizados por el algoritmo significa relegarse a la intrascendencia o, directamente no existir.

Con las redes sociales pasa lo mismo. Sólo que el algoritmo social tiene ciertas diferencias conceptuales al algoritmo tradicional. Si yo quiero comparar dos teléfonos, quiero que el buscador me lleve al sitio donde muestren de manera más clara la comparación ¿Cómo se traduce eso en cuanto a personas? Las redes sociales (Facebook y sus productos como Instagram a la cabeza) han decidido mostrarnos más veces aquellos con los que acordamos, compartimos mayor cantidad de gustos o que generamos mayor interacción, generando así loops recurrentes que tienden a la selección. Si FB me muestra fotos de mi amigo Esteban Brenman y yo se las likeo, el algoritmo entenderá que es contenido deseado y me mostrará más. Al aparecer más y no tener nada contra Esteban (Al revés, lo quiero mucho y considero una descortesía no likear sus comidas o hijas hermosas) volverá a mostrarme más, convirtiendo así sus publicaci0nes en parte importante de mi muro. Este sistema, tiene consecuencias en nuestras interacciones. Tendemos a enghettarnos y quedarnos en barrios cada vez más cerrados en donde los códigos de pertenencia pesan mucho más que la diversidad.

Trumpismos brexistas del NO
 
Digo Trump, como digo Brexit, como digo No a la Paz. Todos ellos Cisnes Negros encadenados en el 2016. Cuando se repiten las excepciones, dejan de serlo para necesitar entender cuál es el nuevo juego. Todos los episodios comparten un profundo sentido presuntamente irracional (volveremos sobre este término, alcanza con darle el acento al “presuntamente”) en donde gente vota sin conocimientos suficientes y basados en mentiras o exacerbaciones. La nota del día siguiente suele ser “Cómo alguien puede creer que bla bla bla”. Hay tres fenómenos que podemos identificar en ese juego.

El primero es la indolencia. El centro pensante de la sociedad no es consciente de que lo que suele decir Duran Barba acerca del nuevo sujeto al que no le importa lo que uno cree no es una forma desideologizante de provocarlos, sino una verdad. Estamos constantemente atacados por estímulos virales y nuestro filtro de spam deja pasar cosas que aun no terminamos de entender por qué. Es más memorable “alika alikate” o “pagamos menos gas que un chupetín” que pensar las consecuencias de ello. Mi recomendación es no enojarse con el cambio, sino entenderlo.

Luego, lo que el ensayista y criador de dos gatitos, Facundo Falduto viene mencionando en sus últimos textos: la pos verdad. Exigirle veracidad a un meme viral es no entender que ha pasado con nuestros relatos. Necesitamos que un relato cierre en si mismo, no que sea chequeado. La búsqueda entonces no es por lo verídico, sino por lo verosímil.

Por último, no sólo necesitamos que algo sea verosímil, sino que buscamos relatos que refuercen nuestro relato vital. Esto siempre fue así, siempre nos sentimos más cómodo con huellas que nos hacen sentir que tenemos razón a que estamos equivocados. Por eso leemos a autores que nos explican nuestra visión del mundo o seguimos en los medios a periodistas que nos gustan, o sea, que compartan nuestra cosmogonía. Sin embargo, los algoritmos sociales nos han reforzado esta sensación a niveles nunca antes conocidos. Gracias al loop descripto anteriormente, Facebook nos muestra únicamente amigos con los que coincidimos generando un efecto de manada autoconvencida que genera el caldo necesario para que los trumpismos brexistas puedan realizarse.

La indignación como vector viral
Twitter, donde si bien el algoritmo existe no tiene tanta preponderancia, no se salva de contribuir a estos fenómenos sociales. Todo trumpismo brexista necesita del odio y la indignación para sustentarse. Uno de los responsables de la campaña del No admitió que difundieron cualquier tipo de mentiras pues era mucho más fácil viralizar cosas negativas que positivas. De hecho lo estudiamos en EsViral: el contenido negativo es 27 veces más viral que el contenido positivo sobre el mismo tema. Decir NO a la Paz, tiene una carga de haters e indignado mucho más fuerte que decir SI.

Esto es parte de una investigación más amplia sobre la que escribiremos en otra ocasión, pero ayuda a terminar de cerrar una posible explicación sobre los cisnes negros que hemos vivido: Trump gana pues sus mensajes son altamente virales en círculos cerrados a los que los encuestadores no tienen acceso. A grupos de Whatsapp que dicen que Hillary haría una ley para que todos sean homosexuales, en twitts de trolls que dicen que Obama trajo 30 millones de chinos para invadir de a poco USA y en intercambios de Facebook en donde la polarización es consolidada gracias al mecanismo de retroalimentación.

Nunca hubo en la historia de la humanidad una era que pueda iluminar tanto como la nuestra. Y sin embargo, gracias a los algoritmos y la alta carga viral de la indignación, estamos yendo hacia cavernas lúgubres, en donde las posiciones más agresivas están apagando cada luz para dejarnos en la más peligrosa de las oscuridades.

Continuación, acá en El Regreso de los Muertos Vivos