Las tareas de John Beilein

Gonzalo Fontán
Nov 1 · 5 min read

Tras una de las temporadas más complejas y rocambolescas en la historia más reciente de Cleveland, el año uno después de LeBron James para ser exactos, la apuesta más arriesgada de entre todas las realizadas por la gerencia cavalier’ es la inclusión de John Beilein como entrenador principal de la franquicia. Un técnico sin experiencia en NBA y con una premisa principal por cumplir: desarrollar todo el talento joven que atesoran estos Cavs. Que no es precisamente escaso, pero tampoco se antoja como una tarea sencilla a corto, medio e incluso largo plazo.

Con una muestra tan minoritaria sería un acto masoquista tratar de analizar con argumentos sólidos lo sucedido o no en el entorno de la franquicia en estas primeras semanas de temporada, pero, sin embargo, sí podemos sacar en claro las que serán las primeras y principales tareas de Beilein para lograr que la plantilla ponga rumbo de crucero y pueda mirar de tú a tú a unas últimas plazas que den acceso a la postemporada, pero que aún parecen quedar muy lejos del alcance del equipo.

A quién dar la batuta

Si de algo ha dejado constancia Beilein desde el primer minuto que ha dirigido en NBA es de la confianza depositada en las estructuras más modernas. Hasta tal punto llega esta fe que como principal sistema ofensivo ha dibujado un juego con doble base en el que ambos directores tengan un protagonismo tan elevado que pueda llegar a ser difícil señalar un líder. Y esto puede resultar un problema.

El grueso de guards que suele emplear Beilein como principales generadores está formado por Darius Garland (R) y Collin Sexton (2). Ambos llegados a la liga con tan solo un año en college y con una suma total de un solo año de experiencia en NBA, el pasado año rookie de Sexton. Además, también tienen en común una carencia muy natural en jugadores de 19 y 20 años respectivamente: no cuentan con la personalidad suficiente para sostener un ataque a media pista de manera consistente. Lo dicho, es algo esperable, normal y asumible. Pero dentro de esta parcela lo que debería conseguir Beilein es desmarcar a uno de los dos en la toma de decisiones, y el cómo es el que realmente está empleando desde el minuto uno: ensayo y error. La idea de ir alternando a ambos generadores en la dirección es un plan que a corto plazo parece ser la más coherente, pues no hay mejor manera de conocer que experimentando, pero con vistas a 82 partidos quizá sea un planteamiento algo carente de fundamentos, pues el turnismo en la creación no se antoja como un plan ideal para sostener el ataque a media pista.

En su favor juegan las características de ambos bases: Sexton demostró desde su primera toma de contacto en NBA que todo el desparpajo mostrado en Alabama sigue intacto en Cleveland, además de evolucionar hasta límites insospechados su aportación al perímetro (40% en 3P con casi cuatro lanzamientos por noche) con el gran matiz de saber cumplir en acciones de catch and shoot (63% de sus triples son asistidos), aspecto que invita a confiar todavía más en esa estructura de combo, pero su gran pega sigue llegando a la hora de marcar sistema e iniciar con el primer pase, la inconsistencia y la carencia de lectura siguen vigentes; Garland, por su parte, viene con la lección aprendida al perímetro -a pesar de comenzar con ciertos baches- y como director de orquesta apunta a contar a largo plazo con más carácter que Sexton, pero el aterrizaje nunca es sencillo y la resolución a este problema podremos descubrirla con paciencia y tiempo.

Para esta tarea contará con el cada vez más atrevido juego sin balón de Garland, escurridizo y de mecánica muy fluida, y la casi enfermiza hiperactividad de Sexton, acostumbrado a penetrar con y sin balón desde cualquier situación posible (indirecto, línea de fondo…). Ambos han nacido para entenderse, pero necesitan tiempo y confianza. Mucha confianza.

Expediente Porter Jr.

Si hay un enigma que no deja de inquietarnos dentro de la estructura de plantilla es, sin lugar a dudas, Kevin Porter Jr. El guard nacido en Seattle es una de esas personalidades más propia de una película de Hollywood que de un jugador de baloncesto. Un talento irrefrenable con la mentalidad de un gamberro insaciable, detalle que le costó buena parte de su temporada universitaria (y de nivel en la misma) por una serie conductas que clasificaremos como no aptas.

De todas formas, en la balanza el talento tiene mucho que decir al respecto, y es que la cantidad de recursos con los que cuenta sí obedecen a su condición de ser uno de los treinta mejores jugadores de su clase en el plano nacional. El físico que atesora es un privilegio para un jugador de sus dimensiones, y cuaja a la perfección con un bote tan generoso y la plasticidad en pleno vuelo con la que adorna sus penetraciones, un puñal a todos los efectos. No obstante, también es un perfil dotado al perímetro, nunca en volúmenes muy elevados, pero sí con una cierta consistencia y precisión. Lo justo para sumar y elevar un escalón la dificultad de desempeño a su defensor. Pero es en este último punto, en el de su valor al perímetro, donde más dudas ha dejado desde el pistoletazo de salida, pues si bien hemos comentado que cumple en esta parcela, no por ello su función se aproxima lo más mínimo a la de un jugador con un elevado peso en el juego off-ball, y su encaje hasta la fecha tiene más peso en el lado débil que en la relación directa con el balón, y se está desnaturalizando un arquetipo sumamente jugoso para dotar de puntos a la segunda unidad.

Queda por pulir su función, que la madurez y experiencia de Beilein con talentos jóvenes inhibe cualquier duda, así como su relación con el balón en un contexto en el que comparta pista con Sexton y Garland, ya que los tres son capaces de producir sin la necesidad de botar continuamente, pero están más a gusto con él balón en las manos que sin él.

Gonzalo Fontán

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NBA, tinta y lo que surja.

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