El ahorro, un ejercicio para todos

Me gusta comparar el ahorro con el ejercicio físico. Todos estamos al tanto de los incontables beneficios que tiene el ejercicio en nosotros: en nuestro bienestar general, en el reflejo en el espejo, en las hormonas, el estado de ánimo, el nivel de energía, la salud, etc. Sin embargo, desarrollamos más excusas que músculos o resistencia cardiovascular; y la relación entre lo beneficioso que puede llegar a ser y la prioridad que le damos en nuestra rutina diaria, es inversamente proporcional.

Lo mismo sucede con el ahorro. A pesar de lo positivo que es para nuestro bienestar financiero, es una de las prácticas que más postergamos; siempre hay algo más importante o urgente. Muy a menudo escucho la frase “como quiero poder ahorrar”, como si ahorrar fuera un don con el que nacen unos pocos privilegiados, a quienes les “sobra” el dinero. Lógicamente, cuando tenemos ingresos superiores a nuestros gastos, el excedente llega sin esfuerzo; pero antes de dar por sentada nuestra incapacidad, es necesario revisar nuestros egresos y analizar de qué podríamos prescindir y qué tipo de ahorro podríamos hacer. Es sorprendente la cantidad de situaciones en las que podríamos “hacer sobrar” algo del salario mensual.

Uno de los momentos clave para crear el hábito en nuestra vida es cuando nos iniciamos en el mundo laboral y recibimos una remuneración formal. Es allí cuando empezamos a tomar decisiones financieras, como solicitar tarjetas de crédito, operar con una cuenta bancaria, contratar servicios de pagos mensuales, etc. En medio de todos estos compromisos que asumimos, podemos cultivar hábitos saludables para nuestras finanzas o vicios que se pueden arrastrar hacia la adultez.

Los jóvenes que están iniciando su camino en el mercado laboral tienen hoy la gran oportunidad de incorporar la cultura del ahorro desde el vamos. No obstante, han crecido en un contexto muy distinto al de sus padres, lidiando con una sobrecarga de información y estímulos, pero sobre todo, constantemente bombardeados por una filosofía CARPE DIEM: en la búsqueda de experiencias a corto plazo con una visión casi hedonista de la realidad. Si no logran encontrar el equilibrio entre el disfrute del presente y la planificación del futuro, pueden enfrentar consecuencias financieras adversas más adelante.

Afortunadamente para ellos (y para todos) hoy existen muchas más opciones también en materia financiera. Apps para registrar y controlar las finanzas personales que dan un panorama estadístico de los gastos, con la posibilidad de programar alarmas ante aquellos innecesarios; productos pensados desde la innovación como los ahorros programados por débitos automáticos…entre otras opciones que pueden facilitarnos el camino.

La conciencia acerca de la importancia del ahorro se va robusteciendo y las alternativas que facilitan su práctica aumentan. Lo que todavía nos falta es eso que ponemos nosotros mismos: la voluntad, la constancia y el esfuerzo; factores indispensables cuando queremos adoptar un hábito. El ahorro como ejercicio financiero nos demanda poner de nuestra parte. No olvidemos que nadie aumenta músculo sin el esfuerzo de levantar pesas, así como nadie se capitaliza si no hace el esfuerzo de planificar aportes a ese capital todos los meses.

A menos que estemos en una situación de emergencia o circunstancia que realmente no nos permita contar con un excedente, podemos proponernos empezar. Para quienes estén comenzando a trabajar, este es el momento clave, ya que probablemente todavía no tengan vicios. Para quienes llevan un camino financiero transitado, nunca es tarde para dejar atrás las excusas y emprender un camino hacia el bienestar financiero.

Es hora de desmitificar el ahorro y convertirlo en parte de nuestra rutina, revisando nuestros gastos, poniéndonos metas y diseñando un esquema de ingresos y egresos que nos permita contar con ese excedente que tanto anhelamos y que nos puede servir de base para inversiones esenciales en nuestra vida. Y cuando flaqueamos en nuestros intentos, es bueno recordar lo que se repiten los grandes culturistas: No pain, no gain.

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