El fondo Gastón Gori

Glosa sobre un archivo de escritor

El viernes pasado hubo una charla organizada por la biblioteca popular “José Gálvez” en el Foro Cultural de la UNL, donde Valeria Ansó comentó su experiencia con las fuentes de investigación a las que recurrió para poder escribir su tesina y obtener la licenciatura en Letras. Su tema de estudio incluía textos de Gastón Gori, específicamente los que trataban sobre la inmigración italiana en Santa Fe. Este trabajo le permitió conseguir una doble titulación, debido a un convenio firmado con la Universitá Ca’ Foscari. Así que el recorrido de la investigadora transcurrió por ambos países.

El principio de la charla fue su experiencia con la búsqueda, los obstáculos y la disponibilidad de fuentes académicas. Además, la dificultad para encontrar las obras necesarias del escritor argentino la llevó a consultar bibliotecas públicas, a recibir préstamos de colecciones privadas, al hallazgo en la web o en las arbitrarias mesas de saldo. El rastreo literario terminó en el múltiple acervo de Gastón Gori, que está a cargo de su hija y albacea Mónica Marangoni. Este fondo heterogéneo fue el centro del intercambio de la charla, de la que participaron archiveros, bibliotecarios y estudiantes.

Valeria Ansó, a la izquierda. Foto: Biblioteca “José Gálvez”

El escritor santafesino fue prolífico: publicó 40 libros, repartidos en ensayos, cuentos, poemas, novelas. El caso es que, además, fue un bibliófilo y un acopiador de papeles. Registraba todo. Ese registro no incluyó una catalogación, aunque había empezado con algunas fichas. De manera que su actividad creó un gran fondo caótico: su biblioteca personal, sus libros de autor, sus galeradas, las miles de cartas recibidas, los borradores de las suyas, los diarios personales encuadernados en tomos de cientos de páginas (desde 1944 a 2002), fotografías, folletos, contratos, recortes periodísticos.

Este fondo privado constituye un acervo único en la provincia de Santa Fe. También significa un problema importante, puesto que requiere de tareas técnicas para limpiarlo, ordenarlo, catalogarlo, trasladarlo a un sitio adecuado y acaso digitalizar algunos materiales que permitan la consulta remota de otros investigadores. La puesta en valor de este potencial archivo demanda dinero, tiempo y un equipo multidisciplinario. Mientras tanto, Valeria Ansó sigue trabajando con una parte de los diarios personales, porque está realizando otra tesis para un doctorado sobre el mismo tema.

Valeria Ansó en la Sala Saer. Foto: Biblioteca “José Gálvez”

El trazo manuscrito de Gori se encuentra desplegado en miles de páginas. A su vez, las caligrafías de otros todavía reposan en la correspondencia epistolar y en las dedicatorias de los ejemplares obsequiados. Cartas y libros (ejemplares que son association copy) resultan importantes para establecer las relaciones intelectuales del escritor; también permiten descubrir los vínculos culturales de una determinada época. Una cartografía biográfica. Estos documentos son materiales invaluables que los estudiosos pueden usar como fuentes primarias para investigaciones que generen nuevos conocimientos.

Disponer de ciertos materiales forma parte de las posibilidades y de las probabilidades para poder abordar un objeto de estudio. Las publicaciones, reediciones y traducciones contribuyen para un acceso a la lectura. En tiempos de una Internet creciente, consultar documentos a la distancia facilita que académicos de otros países se interesen por personalidades de la cultura para que crezca el conocimiento sobre ellas y la difusión de su obra. Además, sirve para que temas y objetos marginales, desestimados, pocos frecuentados, entren en la agenda canónica de las investigaciones.

El desconocimiento general sobre este escritor quizás se relaciona con la dificultad para encontrar sus libros, que aguardan en unas pocas bibliotecas locales. También porque no poder leer sus obras en formato digital es una desventaja (algunos de sus poemas yacen transcritos en páginas web). Por mi formación periodística, conozco su exhaustivo trabajo sobre La Forestal, que reeditó Mauro Yardín en 2006. También, hace unos años, pude ver, en un ciclo de cine, Una vez la poesía, el documental de Juan Carlos Arch donde Gastón Gori y Fernando Birri repasan sus biografías y despliegan sus artes.

Gastón Gori practicó varios géneros de ficción y no ficción.

Por otro lado, para lograr ser visible en el mapa cultural, entran en juego las cuestiones del canon literario. Hay que pensar en una red de legitimidades históricas, respaldos académicos, familias intelectuales, fidelidades de lectura, intereses de mercado, ubicaciones geográficas. Factores que influyen para que terminemos interesados por algunos autores en detrimento de otros. Fuera de Buenos Aires como centro intelectual, llegar a la pupila del cíclope es otra aventura. En la interesante charla del viernes, estuvieron presentes estos aspectos que influyen sobre nuestra percepción de los objetos culturales.

Probablemente, la biblioteca de Gori no tendrá la misma suerte que la de otros escritores, como Adolfo Bioy Casares, cuya colección fue adquirida hace poco por la Biblioteca Nacional y que servirá como material de estudio, porque involucra a dos reconocidos integrantes del grupo Sur. Esperemos que el acervo de Gori tampoco se sume a los casos de referentes intelectuales con obras que tuvieron un destino incierto por falta de interés para conservarlas y que terminaron en lugares insospechados; valores inestimables que circulan junto con papeles o libros rasos, o también entre la basura de contenedores.

Aquella noche de viernes, en el Foro, Ansó fue una pregonera de ese archivo privado para que se sumen ideas o personas en torno a este caso especial. Para las personas realmente interesadas, el fondo puede consultarse, porque Mónica Marangoni lo permite, y es quien debe decidir sobre el futuro de los materiales. Otro tema de la charla fueron los abusos de confianza que algunos han tenido. Los documentos prestados que no se devolvieron provocan que pensar alternativas relacionadas con terceros sea un riesgo incierto. La donación puede convertirse en un gesto de confianza a la deriva.