La cuerda perdida y una estrella fugaz

Ha sido un día precioso. He buceado esta mañana, dos inmersiones. El agua estaba cristalina, con una visibilidad aproximada de 25 metros y la superficie completamente en calma.

El paseo en barco hasta formentera una delicia matutina a pleno Sol y una brisa leve acariciándome la poca piel desnuda, libre del traje de neopreno para resistir hasta llegar al sitio de inmersión. Una conversación inesperada con un buceador desconocido que me cuenta sus pericipecias haciendo ski acuático en Holanda y un barco lleno hasta su justa medida para no sentirme oprimida o en peligro de ser golpeada por algún tanque de buceo de forma accidental.

Una vez acabadas las inversiones la vuelta a tierra firme con el estómago gruñiendo por una buena comida y un buen descanso al Sol de la tarde. Un descanso de diosa Griega y una conversación excelente con una amiga que hacía mucho que no veía.

Desciende el manto color indigo de la noche con su estampado de estrellas incandescentes y vribantes que parecen estar haciendo constantemente guiñios al observador cuidadoso y me siento cansada, sin ganas. Pero dentro de mi arde la excitación ya que son pocos días los que tengo de vacaciones y a la vueta de la esquina está la vuelta a la rutina y el frío nórdico.
Últimamente me he estado sientiendo baja de energía y en un estado de consciencia de victima. ¿Por qué a mi? . ¿Por qué tuve la desgracia de que algunos de mis seres queridos murieran tan pronto y tan jóvenes ? Y sientiendo a la vez que la felicidad completa o ciertos logros personales me estón vedados por esa falta. A veces me siento una esclava del sistema y alguien que por lo que ha pasado no va a lograr una satisfacción personal completa.

Llegamos pues caminando a La Finca, un restaurante con escenario en el centro del pueblo, muy cerca de la casa donde me estoy quedando. Está situado en el centro del pueblo, pero a la vez apartado de la contaminación luminíca de las farolas y se observa el camino blanquecino en el cielo trazado por la vía láctea en una sonrisa eterna y helada al vacío infinito.
Llegando al aparcamiento por el oscuro camino llegamos al aparcamiento done se vislumbran algunas luces tenuas y murmullos y risas entre algún rasgeo de guitarra. Suena prometedora la noche. Misteriosa y romántica. Camnamos entre arboles y arbustos con flores y llegamos hasta un jardín tipo patio lleno de mesas de madera, sofás y un par de barras, una para comida y otra para bebidas. La iluminación consta de candelabros de los que caen cascadas de cera multicolor por el uso sucesivo de velas de todos los colores. Le da un aspecto de descuido ordenado que lo hace un lugar muy acogedor.

En la parte de la izquierda hay una barra de madera con varios taburetes y la entrada a un edificio de una sola planta que tiene apariencia de bodegón rústico de invierno, con paredes de piedra y decoración de madera virgen de color oscuro. En la barra se agrupan varias personas bebiendo lo que parecen ser mojitos y cervezas. En la parte derecha hay varias mesas de madera y un par de sofás uno enfrente del otro sin un orden lóco que da al lugar una apariencia desordenada y artística. El pequeño escenario se levanta en el centro de todo esto.

En el escenario hay in chico de pelo ondulado que le llega a la altura de los hombros y se lo sujeta hacia atrás con una cienta gruesa azul tocando y cantando la canción de Oasis “ Wonderwall “. Su vez es profunda y ligeramente rasgada probablemente por el uso continuo del tabaco.
Caminamos dejando el escenario a la derecha y nos sentamos en uno de los conjuntos de sofáas alargados cada uno con capacidad para dos personas. El conjunto de sofás esta ocupado ya por un hombre de unos 50 años con pinta de hippie, estilo que le dan una trenzilla minúscula que le cuelga del lado derecho de la cabellera.

Pedimos un par de cervezas frescas, la bebida mas deliciosa después de un día de mar y arena. A mi lado se sienta un chico italiano, conocido de mi amiga. Como él es buzo nuestra conversación gira en torno a reguladores de buceo. Me cuenta como tiene un regualador de los años ochenta que necesita reparar. Me aburre profundamente la conversación e intento dirigir mi atención al chico que canta en el escenario. Cuando he conseguido con éxito eludir la conversación del italiano y concentrarme en lo que pasa en el escenario el hombre con pinta de hippie me interrumpe y me pregnta en inglés; — ¿Por qué no subes al escenario y tocas algo ? . Me quedo boquiabierta y le pregunto que de que sabe el que yo toco algún instrumento musical; a lo que el me responde que se lo ha contado mi amiga, que está sentada al lado de él.

Le digo que no estoy preparada, que hace muy poquito tiempo que toco la guitarra y que no he tocado nada en los últimos días. Me empiezo a poner muy nerviosa y a pensar que quizá debiese salir y por otra parte no se donde esconderme. Le cuento también, que efectivamente toco música como mi amiga le ha comentado y que mi especialidad es el piano clásico. Él sigue insistiendo varias veces y yo sigo centrando mi atención en la actuación del músico del escenario. Cuando el músico del escenario tiene una pausa , el hombre con pinta de hippie coje la guitarra y sentado desde su sofá empieza a improvisar unas líneas melódicas de blues que parecen música celestial. Es sorprendentemente bueno. El múisco mas joven vuelve al escenario y comienza a cantar y él le acompaña adaptando las melodías con acordes frases melódicas blues. Siguen y siguen tocando mientras avanza la noche. Al final como parece que el público ya no está prestándonos atención y me pasan la guitarra comienso a tocar y cantar “Dust in the wind “ y se me acercan un par de personas a decirme que tengo una voz muy bonita. Me siento abrumada porque realmente tengo muchas dudas todavía del uso que hago de mi voz. Tampoco puedo acabar la canción porque no me acuerdo del “ puente “ y me trabo intentando recordarlo, envez de seguir la canción omitiéndolo. Lo mismo me pasa cuando intento tocar “ Where is my mind “and “Disarm “ . Pero aún así el músico más joven coje la guitarra y empieza a tocar “ disarm “ y yo puedo cuantarlar mientras el toca. Me dicen que no me preocupe, que a ellos también les ocurre que se les olvidan partes de las canciones y se les olvidan las letras. Me siento magnificamente bien de que a gente que se les ve tan profesionales como ellos les guste algo que yo hago y porque siempre hay una voz dentro de mi que me sussurra constantemente que no soy lo suficientemente buena, que puedo hacerlo mejor.

Me quedo con los dos músicos mientras hablan y el más joven empieza a cantar canciones , que el músico hippie modela con fraseos de “ Blues “.
Finalmente se nos acerca un hombre de pelo completamente blanco y ojos vivaces.Se me acerca y me pregunta si vivo en la isla y me pregunta que si suelo cantar. Me dice que le parece que tengo una voz preciosa y nos trae una guitarra a la que le falta una cuerda. La cuera de Mi mas grave y se la pasa al músico hippie que comienza a tocarla y a decirme que la guitarra es un instrumento al que se le puede hacer sonar bien incluso con una cuerda.
Le observo y me deleito y asombro de como alguien puede sacar tan bonitas melodías de una guitarra a la que le falta una cuerda. El músico joven me pasa su guitarra y comienzo a tocar los acordes de la progresion del “blues “ de 12 compases mientras el improvisa con la escala pentatónica menor. Me pierdo en el ritmo de la improvisación y admiro las melodías que mi compannero toca.

No puedo evitar pensar en la vida y como se puede comparar con una guitarra a la que le falta las cuerdas. Las cuerdas perdidas pueden ser cualquier aspecto incompleto de nuestra vida, como en mi caso la falta de mis adorados padres. Puede que nos falte alguna cuerda en el instrumento de nuestra conciencia o vida cotidiana, pero eso no impide que la melodía que toquemos sea bella o imcompleta.

Dan las cuatro de la mannana y el duenno del restaurante se acerca a ofrecernos un limoncello y comunicarnos que va a cerrar el loca.
Rechazo el limoncello porque estoy cansada y mannana me espera otro día de buceo y no quiero bucear con resaca. Me despido de los músicos y quedamos en vernos otro día antes del final de mis vacaciones.
El duenno del restaurante me acompanna a la salida y me deja en el camino, oscuro como un agujero negro que me lleva al apartamento de mi amiga donde estoy quedando. Cuando estoy dando los besos de despedida de3 etiqueta hago un comentario de la belleza del cielo al sennor y justo cuando sennalo al mismo veo una estrella fugaz que cruza al cielo.
Cierro los ojos y pido un deseo. Deseo con todas mis fuerzas y con una intensidad que quiero que sea escuchada en todos los confines del Universo empezar a tocar melodías inmensamente bellas en mi vida cotidianas, aunque me falten algunas cuerdas que nunca podre reemplazar.

Le doy gracias a la belleza de la noche y me dirijo a dormir sientiendo una fe inmensa en mi poder personal.

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