Amor

Busqué sus ojos entre la multitud, pero los encontré posados en el suelo. Lo excusé: habíamos peleado esa tarde.

Mientras le gritaba al respaldo de aquel sillón, descolorido y ajado, podía escuchar el pasar de las hojas, inmutables. Había estado gritándole a la nada, peleando contra las paredes manchadas de humedad.

Recordé el fuego en sus ojos, la fuerza de sus manos, la desesperación de sus besos, y no pude ignorarlo más.

Ya no me quería, solo que él no se había dado cuenta.