Todavía tengo pesadillas, ¿sabés? Me despiertan mis propios gritos, el sudor goteando… El repiqueteo sobre la cerámica fría. Quizás me estoy volviendo loca.

Es difícil, pero no quiero justificarme. Vos te llevaste la peor parte, lo sé. Sos polvo y nada más. ¿Cómo dice ese dicho? ¿Del polvo venimos y al polvo vamos? Pero no es igual cuando te imagino dentro de ese espacio diminuto, piel y huesos luchando contra la destrucción.

Quisieron cremarte, como si acaso eso pudiera borrar el horror de tus ojos, el desasosiego de una muerte precoz, injusta.

No puedo borrar la idea de que fue mi culpa: no supe escucharte ni guiarte. Mi patetismo me alejó, transformándome en espectadora y partícipe del horror. Me enfrenté a mi examen final y fallé mortalmente Hoy no soy nada, realmente nada.

Prendí fuego ese pasado, junto con todo lo que alguna vez creí. Verte ahi, hinchada y patética, reprimiendo el asco por tu cobardía, reveló una oscuridad en mí que no estaba -¿estoy?- dispuesta a ver. No puedo; no sin seguir tus pasos.