Escalera

Me veo allí, a esa altura aterradora, rodeada de nubes grisáceas que amenazan con soplar y borrarme del mapa. La sensación de vértigo nubla mis instintos; me vuelve vulnerable y no me gusta. Es incómodo sentirse vulnerable a tantos metros de altura. Fantaseo con agacharme y subir en cuclillas, olvidar la altura, el terror irracional, la muerte inminente.

De pronto todo aclara; me atraviesan rayos de luz que buscan mi piel para hacer una tregua. Me enderezo y recupero la fuerza; me siento capaz de subir sin agarrarme del pasamanos. Me arriesgo porque lo creo. Porque lo siento. Ingenua.

De nuevo el viento traicionero, mentiroso, que me empuja y obliga a entornar los ojos. Ya no distingo las superficies y me olvido de la ayuda que me ofrece el destino: me olvido del pasamanos, que siempre estuvo ahi, inmutable. Me olvido y caigo, con violencia, de nuevo en la cama.

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