Bambis

Tenía hambre y entonces maté
a todos los bambis del bosque 
y los guardé en mi bolsa, 
una bolsa verde con lazo
ahora pesada y sanguinolenta.

Entré al pueblo y entonces 
una mujer roja corrió hacia mí. 
Asesino, asesino, gritaba.
Mi salario es muy bajo, señora, 
expliqué: mato bambis para comer.

En el camino real la gente me señalaba. 
Mató a los bambis, decían, otros escupían 
el suelo ante mí, otros me tenían lástima: 
yo llevaba una bolsa de bambis rotos
y el asco del mundo me caía como nieve.

Llegué a mi casa y los apilé sobre una manta.
Me puse triste por sus orejas como antenas, 
sus manchas, sus hocicos, sus ojos muertos. 
Un hombre no debería matar un bambi.
Un hombre no debería matar pero aquí estamos.

Los despellejé con el cuchillo que fue de mi padre. 
A todos los salé, a dos los eché al fuego. 
(Tenía hambre, no había cobrado y maté a los bambis). 
Recé por ellos y pedí también
por mí mismo y por todos ustedes.

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