Sense tenído I

Tus ojos almendrados parpadean como si fueran efímeros destellos de luz en el mar mediterráneo. Las olas de Santa Agnès ya no rompen furiosas contra las rocas preciosas. Desde que aprendiste a llorar, sus aguas cristalinas danzan al compás de un fado portugués.

Duermes desnudo sobre la arena mientras el viento te acaricia la espalda. Limpio tu frente y beso tu mejilla roja e hinchada por el sol radiante de las Islas Baleares.

Tu paz logró desenredar las algas que alguna vez escondieron aquella perla sureña que durante mucho tiempo quiso brillar.

Las cuerdas de nylon de mi guitarra andaluz acompañan nuestros recuerdos. Sonrío a ellos y luego los dejo ir. Estoy lista para caminar sola por el campo de olivos y enterrar mis desventuras.

Tú, mi querido marinero, callarás el llanto eterno de las aguas y los gritos moribundos de tu orgullo.

Nuestras almas están listas para recibir un nuevo amanecer.

Hasta pronto.