Solo un primer paso

Uno de los argumentos con los que se ha querido desestimar el proyecto del Gobierno sobre la deuda en default es que con el pago a los holdout “las inversiones no llegarán mágicamente”. Así lo manifestó, por ejemplo, la diputada Victoria Donda, al justificar su negativa.

Tengo que decir que coincido plenamente con ese diagnóstico. Y ello así porque la economía no se rige por el principio mágico, sino por el de causa y efecto. Y la derogación de las leyes que impiden salir del default y nos siguen atando al catastrófico 2001 es solo el primero de muchos pasos que tenemos que dar los argentinos para volver a ser un país confiable, tanto para nosotros cuanto para el resto del mundo.

Hace quince años, en el mismo recinto donde ayer se discutía cómo salir de esta enésima emergencia a la que han arrastrado a nuestro país, la clase dirigente aplaudía la mayor cesación de pagos de la historia mundial como una victoria patriótica. Un despliegue de extravagancia que ni Ionesco podría haber elucubrado.

Gracias a tan notable gesta, y con la invaluable contribución del kirchnerismo y su retórica antibuitre, hemos perdido miles de millones de dólares de reservas e hipotecado el futuro de nuestros jubilados y trabajadores. Y ahora debemos mucho más que antes. Los buitres tienen mucho para agradecerle al Gobierno que terminó el 10 de diciembre.

En síntesis, no pagar nuestras deudas no es una opción, a menos que queramos ser un Estado paria toda la vida. No se deduce de esto que “mágicamente” volveremos a crecer, ello es resultado de un esfuerzo constante, y depende de múltiples factores, por ejemplo del nivel de pericia y responsabilidad con que el Gobierno de turno administre los recursos del Estado, dos atributos de los que han carecido todos los gobiernos democráticos desde el ‘83, con especial énfasis en el de Cristina Kirchner/Kicillof.

Esto es solo un primer paso para poner los factores económicos en movimiento, pero esto requiere de todos un poco. Es falso creer que un partido, persona o sector puede beneficiarse de la ruina del país, como supone la oposición más intransigente. Ese cálculo ya lo han hecho otros en el pasado, con resultados negativos tanto para el país como para sí mismos.

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