Uno o cientos de años en Champaña?

Francisco Alonso
Feb 23, 2017 · 3 min read

Dice el famoso restaurador y bodeguero estadounidense Joe Bastianich, en su libro Restaurant Man, que para entender el mundo del vino sólo basta con saber que ninguna botella cuesta más de 3 o 4 dólares de producir y dedica todo el capítulo 11 de su libro a justificar esta afirmación. Interesante punto de vista sin duda alguna de alguien que ha dedicado su vida a los restaurantes, a la comercialización e importación de vinos y a partir de 1997 a la producción de sus propios vinos.

El ejemplo más claro de esto es el champán, ese vino espumante exclusivo de la región homónima al noreste de Francia. Tomemos por ejemplo una botella del champán más famoso del mundo: Dom Pérignon, el champán Dom Pérignon es una de las bebidas más elegantes, exclusivas y elitistas del mundo, sin embargo es posible adquirir una botella de Dom en casi cualquier tienda duty free en aeropuertos alrededor del mundo y siempre mantiene la calidad que la caracteriza.

Entonces nace la pregunta: Cuál es la diferencia entre un precio de 4 o 200 dólares? y la respuesta se resume en dos palabras historia y tradición.

La película A year in Champagne (2014) detalla la historia y el nacimiento de una bebida que ha adquirido con el paso de los años ese estatus de celebridad del que goza actualmente.

La región de Champaña ha visto sus viñedos bañados con la sangre de las guerras durante siglos, desde Atila el Huno pasando por las trincheras de la Primera Guerra Mundial, hasta la devastación provocada por las tropas y bombarderos alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Sus terrenos son duros y su clima no podría ser más inapropiado para la producción vinícola: fuertes vientos, abundantes lluvias que pudren las frutas, nevadas y constantes cambios. Pero es precisamente el bajo rendimiento y estas características las que hacen del champán un producto único cuya fabricación tiene ya más de 200 años con los mismos métodos.

En la actualidad existe un consejo regulador que garantiza que las uvas que ahí se producen sean de la mejor calidad. En Champaña la atención al detalle está a flor de piel. Aspectos como la altura e inclinación de los tallos o la cantidad de brotes por rama no se dejan al azar y determinan que las uvas Chardonnay, Pinot Noir y Pinot Meunier sean vendimiadas en el momento justo y procesadas de inmediato para transmitir esa historia del terroir a la botella sin perder nada.

La producción de la champaña se desarrolla durante todo el año y cada estación le aporta algo distinto a la uva como la preparación del terreno y de los esquejes en invierno, los primeros brotes que aparecen con las lluvias de primavera, la plenitud de la fruta en verano y la vendimia en los primeros días de otoño. Y lo que inició con pequeñas bodegas familiares, que siembran sus propias vides, ha llegado hasta grandes productores industriales que compran uvas únicamente. En ambos casos existe un factor en común, miles de bodegas que se extienden por debajo de las ciudades de la región con cientos de miles de botellas en su interior esperando por ese momento especial que significará su apertura.

Entonces la diferencia en el precio está más que justificada porque detrás de cada botella de champán existen millones de historias, sangre, más de 34000 hectáreas de racimos de uva recogidos a mano, éxitos y fracasos, muchas narices expertas de enólogos que combinan las bondades de un año con otro no tan bueno y sobretodo tradición.

Por eso la próxima vez que abra una botella de champán no le dispare el corcho a sus invitados y sobretodo no derrame esos 200 años de historia en el piso del comedor. Disfrute con moderación. Salud!!!