Ciclos

Esta mañana acudí a las oficinas de la Universidad con la finalidad de iniciar el trámite de mi Certificado de Pasante, el cuál es necesario para posteriormente solicitar mi Título Profesional. Debo admitir que para mí era un día como cualquier otro; son tantos los trámites que realizamos en la universidad que éste parecía uno más.

Cuando iba llegando, sin embargo, ocurrió una de esas pequeñas grandes coincidencias que solemos pasar por alto y que, probablemente, otro día habría pasado desapercibida para mí, pero no el día de hoy.

Al irme acercando a las oficinas donde realizaría mi trámite, noté como un muchacho,de más o menos la misma edad que yo, iba saliendo de las oficinas a las cuales yo estaba a punto de ingresar. Llevaba en su mano algo que reconocí inmediatamente como la carpeta en la cual suelen entregar el Título Profesional en mi universidad; la sostenía como si llevara en sus manos un tesoro y su rostro se iluminó cuando abrió la carpeta como intentando confirmar su contenido, a pesar de saber perfectamente lo que traía consigo.

Aunque coincidí con él por apenas unos segundos, mientras el caminaba hacía la salida y yo me acercaba a la puerta, sentí como su felicidad me contagiaba, después de todo, en apenas unos meses yo también recibiré orgulloso la misma carpeta. Pero, de la nada, el rostro de aquel muchacho cambió por completo, la sonrisa seguía en su cara, pero un dejo de preocupación se asomó por su mirada, imaginó que se preguntaba a sí mismo ¿Y ahora qué sigue?

Mientras realizaba mi trámite me di cuenta de que yo tampoco tenía ni la más remota idea de cuál es el siguiente paso. Aun faltan unos meses para tener mi título en la mano y sin embargo, es claro que a estas alturas ya debería tener una idea de lo que haré con mi vida a partir de entonces.

Cuando salí de la oficina de servicios estudiantiles caminé hacia la facultad y me sorprendió la cantidad de jóvenes que había por los pasillos, considerando que aun no es momento de que inicie el semestre. Noté que se movían en grupos; que algunos vestían atuendos exagerados y que un par de ellos se manejaban como si fueran los dueños de la facultad, aunque su proyección de seguridad parecía sumamente falsa.

Tras un rato observando por fin entendí el porqué todos lucían nerviosos; se trataba del primer día del curso propedeutico que se le imparte a los nuevos alumnos de primer grado justo antes de iniciar el semestre. Me sentí como un completo extraño en la facultad a pesar de que apenas hace unas semanas yo tomaba clases en esas mismas aulas. Traté de recordar el momento en el cual dejé de sentir nervios por la universidad. Fallé en el intento.

¿Qué tan distinto soy hoy del que era el día que tomé ese curso propedeutico?, y ¿Qué tan diferente seré en un año cuándo al fin reciba mi título profesional?. ¿En qué etapa de la vida está se vuelve más fácil?, ¿En qué momento la vida se transforma en algo tan complejo?.

Debemos recordar que nuestra vida se rige por ciclos, todas las etapas de nuestra vida inician en un punto y tarde o temprano terminan en otro; infortunadamente nadie nos enseña a cerrar ciclos y aveces nos aferramos a una etapa de nuestra vida que deberíamos dar por terminada para poder iniciar con una mejor.

La vida de un estudiante nos permite acercarnos de una manera más o menos sencilla a la idea de los ciclos. Comenzamos con la primaria y seis años después debemos iniciar la secundaría; tres años más tarde, nuevamente somos “los de primero” en la preparatoria; y así, unos años después al iniciar la universidad, prácticas profesionales o conseguir empleo, tarde o temprano pasamos de ser veteranos en un grupo a ser los novatos del siguiente.

Es importante, sin embargo, comprender que iniciar un nuevo ciclo no significa comenzar de cero. Los nuevos comienzos intimidan, pero no importa el punto de nuestra vida en que nos encontremos, no estamos aquí por casualidad, sino porque hemos recorrido el camino necesario para conseguirlo.

Todo tiene un inicio y un final, cada pequeña etapa de nuestra vida, ya sea agradable o dolorosa, terminará eventualmente de una u otra manera para pasar a formar parte de nuestro aprendizaje y crecimiento. Las experiencias que hayamos adquirido a través de la vida se quedarán con nosotros y las personas que tengan que mantenerse dentro de nuestras vidas lo harán casi sin que lo notemos, no importa lo mucho o poco que avancemos.

Crecer no significa transformarnos en otra persona; cerrar ciclos no significa desvincularnos de nuestro pasado como si nunca hubiera ocurrido; madurar no implica avergonzarnos de quien somos o alguna vez hemos sido; todas estas palabras se resumen en la capacidad de aprovechar las experiencias que hemos acumulado con el paso del tiempo y ser consientes del camino que tuvimos que recorrer para llegar hasta donde estamos.

Todos los ciclos terminan, eventualmente tendremos que iniciar uno nuevo, y debemos aceptar que aun tenemos mucho que aprender para poder enfrentar esa nueva etapa cuando se presente. Solo estando consiente de ello podremos entender que no somos superiores a quienes vienen detrás de nosotros, solo hemos comenzado antes y; del mismo modo, podremos comenzar sin miedo la siguiente etapa, pues todo lo que hemos vivido hasta ahora nos ha preparado para ello.