La vida sigue igual…sigue igual?

La vida sigue igual dice la canción cincuentona de Manuel Alejandro. Nunca fui muy aficionado a las canciones que interpretaba Julio Iglesias, pero en casa mi madre tenía tres íconos: el papa, Jesús, Julio Iglesias… así de irreverente o de conservadora no lo se. El punto es que recientemente he sostenido esta conversación a propósito de la manera de “retomar” la vida que trajo un cliente.

Esta persona (Carlos en adelante) me decía que le hacía ruido una frase que escuchaba con frecuencia “la vida sigue”. Trabajamos con algunas imágenes que éste relacionaba con la frase, así, emergía una suerte de ferrocarril avanzando y una persona viéndole pasar. Me decía que a el esa frase le parecía eso, como que la vida era ese tren y le sugerían que se subiera al mismo. Más, ¿qué hacía ese personaje que veía el tren mientras veía el tren?, ¿acaso no vivía?, ¿acaso aproximarse a observar al tren es una manera de no vida?.

Carlos entendía que a las personas que le mencionaban que la vida conrinbuaba, lo hacían en buena lid; lo hacían con la intención de que Carlos abandonará la “·estancia” en que se encontraba que para ellos no resultaba conveniente. Al parecer, suponían que a Carlos se le iba la vida, como ese tren.

Otra expresión que ha llamado la atención de Carlos recientemente, es esa que dice “pronto recuperarás tu vida”. La imagen del tren volvió a aparecer, más, Carlos en esta ocasión me dice “como si la vida fuera algo que se da fuera de mi”. Más, hay algo adicional que no termina de cerrarle a Carlos. Él entiende que no es posible tal cosa de recuperar la vida, como si se tratase de una cosa.

La conversación con Carlos me llevó a una reflexión propia, relativa a algunos incidentes que vivimos y que impactan en el curso de nuestra realización, relaciones, plenitud… en el momento que acontecen. Esta forma de decirlo es diferente a, en ocasiones suceden cosas en la vida que la afectan, y cambian su curso. La segunda frase tiene el riesgo de disociar la vida de aquel que la vive, de aquel que es el único que puede referirse a “su” vida.

Quiero preguntarte a ti que lees ¿Cómo te refieres a tu vida?, ¿distingues que cuando te refieres a LA VIDA en mayúscula lo haces desde tu propia experiencia vital, y que, por lo mismo, por más que te esmeres en disociar lo que consigues no es separarte de la vida, sino negar alguna posibilidad?

Cuándo se dice que se quiere recuperar la vida ¿desde adonde se dice?, esa pregunta puede nacer en diferentes sitios emocionales. Puede venir desde el miedo, disfrazado de control, que persigue traer al presente situaciones que en su momento fueron importantes, con la ilusión de con ello hacer a un lado eso otro que nos negamos a aceptar, que evitamos resolver, que tememos confrontar.

Viene quizás del resentimiento, de ese estado emocional propio de resistirse a aquello que no se puede modificar como una pérdida irreparable (una separación, la muerte de un ser amado, el abandono de un lugar o sitio amado, etc.). Desde el resentimiento evadimos lo posible, y habitamos ese otro espacio igualmente posible de lo fantástico. Desde ahí podemos tener comportamientos erráticos, con la idea de que estamos haciendo algo como una vida paralela, como si tal cosa fuera posible. Es una vida, en múltiples escenarios, y mientras la vivo, otras vidas se viven en concierto con la mía.

Pero, y si se tratase de un tren ¿será posible nada más verle pasar y decidir en que momento subirse? Yo propongo una mirada alternativa, de tantas posibles. Me parece que sí, el tren puede ser parte de la ecuación, y además la estación, y la banca; y que todo se mueve y que la maravilla es darse cuenta no solo de que el tren se mueve o que lo otro se mueve… el milagro o regalo es dar cuenta que todo se está moviendo y que se vale en algún momento “bajarse” de algún tren para observar la marcha, dar cuenta de los destinos, revisar el recorrido hecho, sensar como estamos, elegir rumbos y velocidades.

Por otro lado, propongo algo alternativo a la expresión recuperar la vida. Te invito a considerar la posibilidad de retirar la frase del catálogo. Recuperar la vida supone que se había perdido, y se pierde lo que se tiene, lo que poseemos. Y si la vida se vive, y si es fluir hasta que la misma cesa, en su forma biológica, no es posible perderla para luego recuperarla.

Probablemente elegimos modalidades de morar nuestra vida, formas de acercarnos, más, no cabe la posibilidad de perderla como algo que nos pertenece… la vida es, así sea en ese último instante previo a que el corazón deje de latir. Y aún en ese minuto posees la más grande y última de las libertades, la de elegir como habitarlo.

Terminamos la conversación con Carlos, pensar en las nuevas narrativas que deseaba para su vida ha generado en éste una postura distinta, su mirada se pierde en el horizonte en dirección a la estación del tren.

Written by

Francisco Villalta Guandique

Provocador, Conferencista, Coach, Autor

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