En un post anterior decíamos que en los últimos años los emprendimientos se han puesto de moda. Emprender no es meramente iniciar un proyecto: comprende un proceso evolutivo que se inicia cuando surge una idea y termina cuando ésta alcanza su máximo desarrollo.
En el proceso de madurez de un proyecto, desde una idea inicial difusa hasta una empresa consolidada, los entornos tecnológicos, académicos, sociales, políticos y económicos desempeñan un rol estimulante para el desarrollo de las iniciativas emprendedoras.
El ecosistema tiene un rol fundamental porque incluye los elementos por fuera del emprendedor individual –individuos, organizaciones o instituciones- que conducen -o inhiben- la elección de una persona de transformarse en emprendedor y su probabilidad de éxito.
El ecosistema emprendedor es el conjunto de relaciones entre entidades y personas emprendedoras, que favorece -u obstaculiza- el éxito de los emprendimientos. El ecosistema incluye a los gobiernos, las incubadoras y aceleradoras, los inversores, las universidades y las empresas.
El conjunto de actores que conforman el ecosistema emprendedor generan las condiciones de contexto dentro de las cuales se desarrolla el emprendimiento. Y este contexto tiene un efecto crucial sobre los nuevos emprendimientos. El acceso a fuentes de financiamiento, personal capacitado y redes de empresas dinámicas son algunos de los principales factores que resultan relevantes tanto al momento de creación de un emprendimiento como en sus primeros años de vida.
El desarrollo de la comunidad emprendedora requiere un esfuerzo mancomunado: apoyo técnico y económico, fomento del espíritu emprendedor, trabajo conjunto entre el sector público y el privado y valorización de la actividad empresarial como motor del crecimiento.
¿Es posible “crear” un ecosistema emprendedor?
El mundo académico denomina “clusters” a los ecosistemas emprendedores, identificando así a aquellas regiones geográficas donde la energía, actividad e innovación ocurren. Dada la importancia que éstos tienen para impulsar la innovación y los emprendimientos, cada vez son más quiénes se preguntan si es posible “crear” un ecosistema emprendedor.
A lo largo de la historia puede observarse que los ecosistemas emprendedores pueden surgir de manera espontánea o deliberada. Asimismo, hay que considerar que el surgimiento y la consolidación de un ecosistema emprendedor no sigue patrones claros ni existen recetas para cultivarlos. Impulsar un ecosistema emprendedor no es una tarea fácil.
Todos los actores deben comprometerse: los gobiernos deben interesarse y crear un entorno saludable para el desarrollo de emprendimientos, así como programas de financiamiento; las universidades deben impulsar iniciativas de emprendedurismo; los inversores tienen que apuntalar financieramente a las nuevas empresas y las grandes compañías acompañar con programas de apoyo para nuevas startups.

La experiencia demuestra que se puede impulsar un medio dinámico para la actividad emprendedora. Los casos de países diversos como Israel, Chile o Islandia, muestran cómo, con una visión a largo plazo y un gran compromiso compartido por muchos actores, se logra en pocos años impulsar un ecosistema que crece y se consolida.
“Lo interesante de esto es que durante mucho tiempo Israel no era conocido por sus virtudes tecnológicas, sino por sus desarrollos agropecuarios en terrenos desérticos”, cuenta Saul Singer, redactor jefe editorial del The Jerusalem Post que escribió junto a Dan Senor Start-Up Nation, la historia del milagro económico de Israel.
“Con poco más de medio siglo como nación, en un entorno hostil y con una geografía poco apta para la agricultura, la única forma de enfrentar estos desafíos era desarrollando la mejor tecnología”, cuenta Singer.
El desarrollo de un ecosistema emprendedor es un proceso complejo, de progreso continuo. Brad Feld, emprendedor y VC, cree que es posible lograrlo: “La magia viene de la mano de unas docenas de emprendedores que deciden que el éxito de la comunidad vale la pena, y por eso invierten su tiempo y energía.” [1]
Considerando el impacto que éste tiene como catalizador de la innovación, los mismos miembros del ecosistema emprendedor deben comprender que tienen un interés, actual o potencial, en el desarrollo del ecosistema de la región y que todos los actores juegan un rol fundamental para el desarrollo de los mismos.
Debemos comprender que que el desarrollo de un ecosistema no se trata de un juego de suma cero, sino de un contexto sinérgico del que todos los participantes –y la comunidad alrededor- se benefician. Por esa razón, el desarrollo del ecosistema emprendedor debe ser un compromiso de todos.
[1] FELD, B. (2012): “Startup communities: building an entrepreneurial ecosystem in your city”. John Wiley & Son Inc.
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