Raíces de mujer y miel.
Tu naturaleza, derramada sobre el camino de conquista, cautiva a pueblos enteros; los hechiza con raíces sujetas a dos esferas de cristal. Te encuentras en un hermoso estado no artificial, capaz, con ramas, hormigas y el panal, de destruir a la impureza que mata.
Al acercarse el penúltimo mes, tu sencillez es un llamado a mi amor; similar al de las hojas con el fuerte viento, pintadas por los azules de las cinco.
Tu suave caminar me inspira, me mueve a creer en tu obvia lucha por un derecho universal, a observar tu compañía tierna al reino animal.
Me gusta que no existas, así como yo, en aquel famoso mundo paralelo de productos vencidos.
Me intriga tu pensar. Me encanta transportarme al Tíbet y observar cómo te conviertes en meditación; exhalas segundos de realidad y despertar.
Solo sé que me apasiona pensar en tu ideal durante tiempos de superficialidad.
