Los días sin tiempo

“No me dejes como un reloj...
que ya no marcará los momentos,
No me leas como un cartel,
sin un diario de ayer...
que ya no dice absolutamente nada…
Correr frente a tí,
es un deporte que yo hago en silencio...
Correr amor correr,
correr frente a tí...
ya no tiene sentido,
ignorar los momentos de la vida...
que pasan” L.A. Spinetta

A veces los días no tienen la exactitud del tiempo que marcan las horas, siempre he pensado en el tiempo como el señor de la subjetividad. Por ejemplo, una situación normal en dos posiciones del tiempo relativamente diferentes. La ligereza del primer saludo a la pesadez de soltar una despedida casi involuntaria.

En la ciudad, desde octubre hasta diciembre los días se me pierden en la dimensión de lo que llamaría los días sin tiempo. Sobre entendido a que soy una persona muy reflexiva, estos días en especial se me avalanchan sentimientos, preguntas; y la sensibilidad que se me desborda a flor de piel.

Escucho a Spinetta, también a Páez y recuerdo como fotografías algunos momentos de mi infancia. Siempre hay una relación entre la música que escucho y momentos de mi vida, y pensaba en cómo o cuando fue que dejamos de ser chicos. Y no es que reniegue de crecer, estoy consciente de cómo va esto de ser adulto y algunas cosas me interesan; siempre tuve el alma vieja. pero voy al punto de que el tiempo no era algo de tanta importancia cómo lo es cuando creces.

Algo tienen estos años, esta era; que el mundo va corriendo, y no precisamente hacia él mismo lugar. Y he corrido también, pero no se si quiero hacerlo. Me va bien lo que decía el Flaco, “correr en silencio”.

¿Se puede ser náufrago en la ciudad? ¿Puedes sucumbir en tu mismo barco? ¿ Se puede dudar sin que esto sea tomado como algo alarmante?

Yo creo que en esta ciudad, somos tan visibles o invisibles cómo queramos serlo. Y es normal tener dudas y temores, sobre todo si ves que todos avanzan tan rápido y tu apenas das dos pasos. No olvides que el tiempo es relativo, y que correr no significa avanzar más.

Para esos días sin tiempo, donde la dimensión es demasiada grande; habrá que darle lugar a la consciencia y a la sensibilidad. Creo que es a lo que como personas podemos aspirar como el final de todo, ser personas Senti-pensantes. Qué piensen, pero también que sean sensibles a la luz que les sobreviene, a la mano que le toca y a la boca que le besa.

Franco

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