Buena suerte y hasta luego

A veces me distancio de las personas sin un motivo concreto. Más bien por un cúmulo de cosas que amontono y a la larga me llevan a alejarme. A veces, cuando trato de acomodarlas, paso inevitablemente por algún momento de cruce de opiniones o miradas que me hacen preguntar si no era mejor dejar todo como estaba.

El asunto es que con mi vieja tuve varios vaivenes. Por algo que ni siquiera recuerdo, el julio de 2015 nos encontró desunidos, incomunicados, distanciados y enojados. Lo que no pudimos nosotros, nuestra voluntad o ánimo finalmente lo pudo lo más importante entre las cosas menos importantes: el fútbol. Y en ese escenario, el artífice fue Lucas Alario.

La primera final de la Libertadores 2015 la vi en Brasil. Me fui de vacaciones que usé como pretexto para tomar aire y sobrellevar mejor todo. La segunda final nos encontró bajo el mismo techo, desunidos, incomunicados, distanciados. Pero ya no tan enojados. Los días previos estábamos nerviosos. Durante el día crucial ambos tuvimos un brillo poco usual en los ojos: miedo, ansias y ganas de que todo pasará para bien.

Mientras cada uno estaba por su lado, el partido transcurría, los minutos se sucedían y nuestras vidas se nos iban.

No sé cómo ni por qué extraño motivo natural, físico o artístico, Alario logró arquearse como lo hizo en el gol de esa final. Siempre que miro ese instante no dejo de apreciar cierta belleza estética que se torna poco usual y hasta insuperable. “Flota como una mariposa, pica como una abeja”, solía repetir Muhammad Alí. Algo de eso hubo en esa escena que quedará como un pilar elemental en mi vida: el gol de la final, el que abrió el partido, el que nos devolvió a las altas cumbres. Pero fundamentalmente, el gol que me permitió reencontrarme con mi vieja. Y con reencuentro me refiero a lo espiritual y lo humano: desde ese día nunca más volvimos a discutir, a enojarnos ni a rezongarnos.

Cuando la pelota tocó la red no solo nos rompimos la garganta gritando sino que nos encontramos en el living de casa y nos dimos el abrazo más fuerte y emotivo que recuerde. Creo que yo le pedí perdón. Me parece que ella me agradeció por algo. Y que yo concluí el breve dialogo con un “Vamos River, la puta madre”.

Faltaban 45 minutos y un par de abrazos más cargados de emoción. Cuando terminó el partido me acuerdo que salí al patio de adelante, me arrodille bajo la lluvia y agradecí. Desde ese día siento que hice las paces con el mundo.

Alario no solo fue el de los goles importantes. Fue el que nos dio la definitiva chance de reencuentro a mi vieja y a mí.

¿Mira si lo voy a putear o a cuestionar porque se vaya?

Flopa Lestani tiene una canción con una letra que suelo usar como mantra: “Abandoná tu carga// Fijate, todo está apoyado sobre el suelo// Hace el lugar que haga falta en vez de armarte una valija de viajero/ para llevar lo que vale menos que su peso// Así las cosas fueron hechas para ser tenidas, hechas para ser dejadas”. Creo que se la escribió a un ex. Chau Lucas, gracias de corazón.

Buena suerte y hasta luego.

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