Diario de un enfermo — Día 9

Vuelvo a desayunar en silencio.

Mi viejo pasó la noche con molestias. A media tarde debería entrar al quirófano. Deseo que estas semanas de internaciones, estudios, esperas interminables y partes médicos confusos se terminen pronto. Tengo una sensación rara. Mejor dicho, tengo una sensación desconocida, por eso lo raro.

A la tarde salgo de trabajar temprano. Son las cinco de la tarde y pareciera que mi casa recién amanece. Tengo que abrir las ventanas y soltar al gato. Prendo el televisor y subo el volumen para que haya la apariencia de presencias. Pancho se estira prolongadamente. Huele el pasto. Y sube el paredón en busca de la libertad y la movilidad que hoy tuvo restringida.
Yo también.

Me cambio y salgo a trotar. Hay mucho viento, más del que aparentaba. Ya en el camino, con el sol de de costado y el viento de frente trato de vaciar mi cabeza.

Respiro profundo. Pienso. Imagino.

Faltan dos días para el primer partido. Más de 90 minutos que van a configurar definitivamente mis próximas dos semanas. Puede ser un impulso de vitalidad y energía positiva que me sirva para lidiar con las circunstancias de la vida; puede ser un gran clavo en el cajón 2018 para que me termine de hundir en la tristeza.

Respiro profundo. Pienso. Imagino.

Ellos tienen una tremenda variedad de jugadores en un muy buen nivel. La tenemos bastante difícil. Voy por partes.

Rossi: a pesar de la desconfianza que puede despertar para sus hinchas está demostrando una mejoría, saca pelotas que antes no. Y encima Andrada, que es un arquerazo, está poniéndose a punto para la vuelta. Arco invulnerable.

Magallán: un patrón del área, por momentos, imposible de superar. Y tiene gol; Izquierdoz: crack, un tiempista como ya no se ven en el fútbol local. Ahora se entiende la urgencia de Guillermo por llevarlo; Olaza: de las mejores apariciones en el último año, un lateral con proyección y marca férrea. Pensar que Gallardo lo quiso…; Jara: despliegue, entrega y sacrificio, un animal.

Nández: guapo, inteligente, el jugador que quisiera tener siempre en mi equipo; Barrios: un jugador con sangre azul y amarilla. Cuando la pelota pasa por él es imposible que esa pelota no llegue a un compañero; Pablo Pérez: un experimentado que cada vez le está agregando más juego y precisión a la garra incesante. Vital para este Boca; Villa: para mi pasó de ser un desconocido a un crack en ascenso. Es a uno de los que más miedo le tengo.

Pavón: velocidad, potrero, precisión en los pases y tiros al arco. Gran wing; Ábila: se llama Ramón y su nombre lo dice todo, goleador por naturaleza. Con el plus de agrandarse en las difíciles. Y que nos ha vacunado varias veces.
Después están otros monstruos.

Benedetto: un jugadorazo que entrega todo en cada intervención. Goleador exquisito que viene en racha. Nunca le hizo goles a River pero obviamente llegarán en las dos finales. De allí a la gloria eterna; Zárate: aunque intermitente es un jugador como pocos. Tiene enganche, siempre va para adelante. Muy difícil de marcar por su movilidad y astucia; Cardona: magia colombiana. Una pegada como pocas, cuando está despierto es una máquina de hacer pases-gol. Tévez: ¿Qué decir de Carlitos? Alma xeneize. Al potrero del Fuerte le sumó un físico europeo que lo transformó en un jugador de temer. Experiencia, roce, inteligencia. Y siempre nos vacunó. Carlitos tendrá su cierre de carrera en Emiratos Árabes. Y que ahí el Madrid se agarre.

Por último pienso en Guillermo. Contra la adversidad y la crítica por sus resultados mano a mano o en clásicos, el mellizo se las ingenio para resurgir. Y vaya si lo hizo. Escuche que habló con Bianchi quien le dio algunos consejos, sobre todo para la mitad de cancha. ¿Quizás tenga acceso al celular de Dios para estas finales? Seguramente. Una revancha inigualable para Guillermo. Felicitaciones y felicidades.

Mientras pensaba en eso y ahora que lo escribí ya me hice toda la historia en la cabeza. Le puse imágenes a mi terror. A mi primer cuento de terror. Escribir me permite crear, como llorar me permite liberar.

Cuando vuelvo me avisan que se suspendió el estudio. El estómago no estaba en condiciones. Se postergó ¡para el 20 de noviembre! Voy unos minutos a ver a mi viejo. La primera imagen me impacta: nunca lo vi tan cadavérico. Perdió peso en un par de días, está pálido, parece sin fuerzas y está dormido. Vuelvo a pensar en otro cuento de terror.

Ya lo tengo decidido. El sábado iré al banderazo en River. Miraré el partido allí, con desconocidos pero con mi gente al fin y al cabo. Cantando intentaré darle ánimo a los jugadores. Cantando le enviaré fuerzas a mi viejo a la distancia. Después de todo que existan estos sentimientos es por su culpa.

Por su gran y hermosa culpa.