Elogio a Dynamo

Siempre tuve la teoría que Dynamo era el mejor disco de Soda Stereo. Pasaron muchos años, se murió Cerati, el rock argentino naufraga sostenido por un puñado de bandas interesantes y puedo afirmar que Dynamo está entre los mejores discos del rock local.

Por poesía (el Cerati de principios de los 90 merece un libro), por sonoridad (batería y bajo son una topadora que arrasan con todo), por la conjunción de las melodías y los registros vocales que alcanza Cerati (quizás de los mejores de su carrera) y hasta por estética (gorritos de lana, ropa holgada de colores, collares, anteojos sónicos)…

Pero creo que sobre todo es de lo mejor por el enorme desafío que implicó el álbum. Con un espíritu punk (romper todo y empezar de nuevo), Cerati se propone dejar atrás Canción Animal prestándole atención a lo que sonaba en Estados Unidos. Y no especialmente al grunge de Nirvana. Influenciado no solo por My Bloody Valentine sino también por Pixies, Yo La Tengo, The Jesus and Mary Chain, Cerati construyó un disco con una continuidad sonora y lírica única, abriendo una enorme ventanal hacia el futuro. Soda (Cerati) dejaba atrás cualquier mínimo rastro de la new wave de los 80 y todo lo setentoso de Canción Animal para dar un salto hacia adelante demasiado grande. Tan grande que el disco tuvo una recepción bastante fría.

¿Y la música donde está? ¿En los cables? se preguntaban los Soda en el arte de Dynamo. La respuesta es que sí, que estaba en los cables pero también en los loops, en los samplers, en las capas superpuestas de guitarras, en el canto primal casi susurrado.

Sin este disco quizás los Peligrosos Gorriones, los Brujos o los primeros Babasónicos la hubieran tenido más difícil. Me gusta imaginar que Skay tuvo el oído muy atento a las violas de Dynamo, tan sucias como punzantes: creo que estuvo tan atento que parte de su influencia alcanzó hasta el mismísimo Luzbelito de Patricio Rey (sino prestenle atención a Beilinson en “Luzbelito y las sirenas” o “Nuotatori professionisti”).

Nunca fue tan evidente la presencia de un cuarto Soda como acá. Daniel Melero interviene y dota de sentido las inquietudes electrónicas de Cerati después de haber hecho Colores Santos. De hecho, su presencia fue tan vital que fue quien sugirió el nombre del disco tomando como referencia los dinamos de las ruedas de las bicicletas. Ya a esa altura, Bosio y Alberti, ademas de perder protagonismo y poder de decisión, ni se bancaban al bueno de Daniel. Como Yoko Ono cuando entraba a Abbey Road, ese sería el principio de un largo final.

Uno de los días que Soda presentó Dynamo en Obras coincidió con el regreso de Serú Girán en River. Parte del publico empezó a bardear a la banda de Cerati y ahí tomo la posta Pedro Aznar arremetiendo con un “todos somos Soda”.

Nunca me gustó tanto escuchar un disco con el volumen tan fuerte como Dynamo. Siento que el sonido me envuelve y me eleva. Pero además su audición me transporta a esos primeros años de los 90, donde lo único que hacía era correr por mi casa topandome con las cosas de mis hermanos más grandes. Revolver sin dejar rastros y mirar atentamente era mi misión. Aún recuerdo la curiosidad que me despertó ver ese cassette con un corazón flotando entre planetas. La piedra basal de mi educación sentimental.

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