La peregrinación

Después de diez días de intro a Tailandia era hora de migrar al sur hacia la infame Full Moon Party.


Cómo les conté antes, conseguir pasajes para el tren nos llevaba hacia el sur de Tailandia no fue tan simple como esperábamos. No se pueden reservar por internet, y los pasajes que incluyen cama para viajar en los próximos días se acaban rápido. Sólo nos quedó comprar pasajes de segunda clase. Toda la info que teníamos era que los vagones no tenían aire acondicionado, pero no había problema ya que nos habían dicho que suelen poner el aire al mango y te cagás de frío. Más allá de eso, no sabíamos que esperar.

Ya en la estación, subimos al tren y nos encontramos con el vagón que ven en la foto de portada. Dentro de todo limpio y la mayoría mochileros, todos viajando a la full moon party. Lo único que no veíamos eran nuestras camas, o los camarotes que en algún momento soñamos que tendríamos. JA!

En el mismo vagón viajaba un grupo de argentinas veinteañeras en modo viaje de egresados: a los gritos con cantos de tribuna, algunos bastante subidos de tono, ya afónicas. Fui a saludarlas y estuve un rato charlando. Eran de zona norte y cada una tenía su lysoform que no paraban de tirar por todo su sector del tren, y toallitas desinfectantes. También tenían hambre, pero “ni en pedo” comían la comida que vendían en el tren. Para ser justos, el estado del vagón restaurante daba un poco de cosa, pero no quedaba otra. Vendía alcohol, eso sí.

Ya ni bien salimos el ambiente de todo el tren era de joda: todos mochileros tomando, pasando música, bailando, charlando, conociéndose. Eso fue lo mejor de la experiencia. Es más, ahi conocimos gente con la que nos volvimos a cruzar en la full moon party y en otras islas más adelante. Comimos algo en el “restaurante”, bastante rico para ser sinceros, y después nos quedamos charlando con gente que conocimos ahi, tomando algo.

Al rato de haber salido pasó un chico a armar las camas: los asientos se plegaban y de arriba se estiraba una parte móvil y quedaba armada una cucheta, con cortinas para un poco de privacidad. No tardamos mucho en acostarnos a dormir después de cenar: las luces se apagaban tarde y el ambiente oscuro invitaba. Lo malo fue que las ventanas no cerraban bien, entraba algo de viento y polvo. El colchoncito tampoco era muy cómodo que digamos. Pero de todas formas se duerme.

A las 6 de la mañana llegamos a Surat Thani, donde nos tomamos un colectivo que nos llevó hasta el ferry, para ir a Ko Phangan. De puerta a puerta hicimos: taxi hasta el aeropuerto de Chiang Main, hora y media de avión hasta Bangkok, una hora de tren hasta la terminal de tren grande, doce horas de tren hasta Surat Thani, dos horas de micro hasta el muelle, dos horas de ferry hasta Ko Phangan, media hora de camioneta hasta el hotel… TODO SEGUIDO, y a veces con bastante espera entre viaje y viaje. Y ya llegando era increíble la cantidad de mochileros yendo a la isla antes de la fiesta. Miles y miles!

Fue matador, pero por suerte nos esperaba el hotel más caro que pagamos en todo el viaje: aproximadamente 50 USD la noche por un bungalow bastante grande con aire, tele, heladerita, en un hotel con piscina. El lugar perfecto para relajar antes y después de las fiestas de Ko Phangan.