Rafael Cuevas, o del hombre que quiere disentir con libertad | F. Arellano

Otro día de protestas en la convulsa y fatigada ciudad de Mérida. Así estamos. Venezuela se ha convertido en la sensación de habitar dentro de un río lleno de caimanes que llamamos país. Qué llamativa coincidencia que los caimanes compartan el color de su gruesa piel con las de los uniformes de las fuerzas armadas, con el perdón de los caimanes, dirán algunos. Lo que se vive a diario, ya difícilmente pueda encajar en cualquier concepto sociológico estándar de vida cotidiana. Esto es otra cosa, es el absurdo hecho raison d'être como política de Estado. Hace tiempo que el sosiego se ha estado escabullendo de nuestro alcance. De este modo, ¡cuán trabajoso es esperar por buenas noticias! Qué ardua tarea tienen los optimistas contemporáneos.

En horas de la tarde de ayer, repentinamente se deslizó una mala noticia en la pantalla de las computadoras merideñas. En ella se señalaba que el profesor de Historia de la Universidad de Los Andes, Rafael Cuevas, había sido aprehendido de forma violenta mientras participaba en una concentración en las inmediaciones de la urbanización La Mara. Desde entonces hasta ahora, mi colega profesor se halla preso, y en la comunidad universitaria nos preocupamos por él.

Conozco al profesor Cuevas desde que éramos estudiantes de pregrado. En todo este tiempo, siempre ha demostrado ser un profesional dedicado al estudio, a la docencia, a la investigación, es decir, tiene la vida de un hombre devoto de la academia. Pero, además de académico, Rafael Cuevas se ha convertido en un activista con presencia constante en las calles de su ciudad, expresándose a favor de la democracia, y criticando con vehemencia las imposturas de un gobierno cuya brújula de dirección se quebró. Y es aquí donde con toda probabilidad hallemos lo que incomoda a los cuerpos de seguridad del Estado. El profesor Cuevas no es una persona que esté dispuesta a callarse sumisamente. Esta vez, por expresar sus opiniones, por manifestarse en contra de los agravios que el gobierno comete contra el país -agravios inocultables, grandes, evidentes, gigantes como la megafauna pleistocénica- entonces es privado de libertad, y es privado de libertad, tal como me lo refirió un hombre que lo acompañaba en la concentración en la que fue retenido, justo cuando profería consignas de manera cívica. Con los brazos arriba, el profesor gritaba: “¿Quiénes somos? Venezuela, ¿qué queremos? Libertad.”

El testigo de la captura del profesor Cuevas también es un excompañero de clases, a quien tenía años sin ver. Como muchas otras personas que también hacen o han hecho vida en la Facultad de Humanidades y Educación, él se acercó al comando de la policía de Mérida, ubicado metros abajo de la Plaza Glorias Patrias para obtener información sobre el estado del profesor. Poco nos dejaban saber. Allí le pedí grabar lo que me contaba sobre los sucesos de la tarde. Entonces me indicó que todo se desarrolló a partir de la participación de un grupo de personas congregadas en la Urbanización La Mara, quienes acudieron al llamado a plantón convocado entre las 12 y las 4 p.m. del lunes 26 de junio.

Así, cerca de las tres de la tarde, al lugar de la protesta se aproximaron los efectivos de la GNB y de la policía. Allí comenzó la zozobra. El testigo, “R” de ahora en adelante, quien me pidió no mencionar su nombre en este texto, por razones de seguridad, relató que él le había advertido al profesor que tuvieran un plan de defensa, pues, a los GNB “no se les puede esperar con flores”, dijo. No obstante, en conjunto con otras personas allí presentes, el profesor insistió en mantener el talante pacífico de la manifestación. R. aseguró que:

“Rafa se acercó y reunió a la gente, les pidió mucho civismo, que nada de violencia, que si la policía llegaba, si llegaba la guardia, en ningún momento los agrediéramos, no lanzáramos piedras. Que solamente nos retiráramos, que cuando pasara la tranca volvíamos hacer una toma pacífica. Qué la idea de eso era no caer en el juego político de caer en la violencia.”

Aun así, al llegar los funcionarios a la estación de Tromerca en La Mara:

“Se bajaron, se bajaron los de la policía también y se empezaron a acercar hacia nosotros, y empezaron a decirle a Rafael que “si él era realmente el dirigente por qué dejaba sola a su gente, a su pueblo”. Y él les contestó que él no estaba dejando solo a nadie, e hizo la consigna de “¿Quiénes somos? Venezuela, ¿qué queremos? Libertad”. Fue en ese momento cuando llegaron aproximadamente unos siete o nueve funcionarios… bueno… nos empezaron a tirar bombas lacrimógenas, perdigones, agredieron a las personas que estaban ahí, que en su mayoría eran personas mayores,[…] 
tratamos en lo posible de que no se lo llevaran, pero fue imposible porque eran demasiados funcionarios. Lo agarraron, lo golpearon, le dieron unos golpes ahí en toda la entrada de la Mara” [lágrimas].

Al escuchar este testimonio, cabe dar lugar a la inferencia de que los cuerpos de seguridad del Estado lo estaban provocando. Queda la impresión de que ya estaba en sus planes arrestarlo por su activa participación en marchas, asambleas, mítines, y concentraciones populares. R. estaba afectado, luego dijo:

“Lo que yo sí puedo decir, con toda sinceridad, es que Rafael en ningún momento lanzó una piedra, ni… Eso fue lo único, y por eso se lo llevaron. Es más ellos llegaron expresamente a llevarse a Rafael, ellos no llegaron ni siquiera a nada, ellos llegaron a llevarse a Rafael, ellos venían era por Rafael. Eso fue lo que nosotros pudimos presenciar en ese momento.”

Los jóvenes intentaron defender y liberar al prof. Cuevas. Sin embargo, según narra R.:

“Nos agredieron, se llevaron gente ahí, se metieron a las casas. Incluso en el parque de la Mara, presenciamos cuando un vehículo, eh, un Aveo, color azul, fue desbalijado por funcionarios de la guardia, y funcionarios de la policía. Le partieron los vidrios, le explotaron los cuatro cauchos, se llevaron la batería… bueno. Agarraron a las muchachas a golpes que se encontraban dentro del carro. La gente pudo grabar. Sin embargo, nos amenazaron que iban a allanar casas de las personas que salimos a defender a las muchachas que en ese momento fueron agredidas, y bueno, eso fue totalmente una guerra campal.”

Estas acciones son intolerables. La ciudadanía, el pueblo en su conjunto, sufre las acciones de los dirigentes del Estado y de sus hombres de armas. La academia está asediada en este contexto. Hace poco CONATEL ordenó la salida del aire de ULA tv, el canal universitario. Ahora, un compañero de trabajo está detenido, golpeado, ocupando una celda. No hay justificación para ello. El clamor popular pide cambio. Cambio de dirección, cambio de estilo, cambio de políticas públicas. Esto va más allá de un asunto de ideologías de izquierdas o de derechas. Esta es una cuestión del poder del Estado reprimiendo a sus propios ciudadanos.

Debemos exigir la libertad de los detenidos injustamente.
Disentir es un derecho. El profesor Rafael Cuevas tiene derecho a hacerlo libremente.
¡Libertad para el profesor Rafael Cuevas!

Frank José Arellano

Director de la Escuela de Historia de la Universidad de Los Andes