Juan Agustín Palazuelos: Comentarios a una Pluma Truncada.

Escritores en Chile abundan. Pocos con una trayectoria reconocida o sostenida en el tiempo. Muchos sólo alcanzaron a publicar un libro o dos. En las innumerables veces que he deambulado entre libros y polvo, he descubierto escritores que han maravillado mis ansias literarias, mis afanes fetichistas. Juan Agustín Palazuelos fue un escritor de corta

trayectoria, pero no por falta de talento o contactos editoriales, que claro los tenía, sino por su muerte prematura, a los 33 años. Nació en Santiago en 1936 y murió en 1969 en la misma ciudad. Estudió derecho en la Universidad de Chile y en 1956 obtuvo una beca para seguir estudios en Estados Unidos. Posteriormente estudió Filosofía y Lenguas Clásicas. Palazuelos fue un escritor joven, su primera novela “Según el Orden del Tiempo” (1962, Ed. Zig-Zag) la publica a los 26 años y su segunda novela “Muy Temprano para Santiago” (1965, Ed. Zig- Zag) tres años después.
 
 Según Gonzalo León en su libro “Pornografía Pura” (2004, Ed. La Calabaza del Diablo), Palazuelos “era megalómano, pedante, culto, brillante, yonqui, escritor, falleció un día de julio de 1969, a los treinta y tres años, de un coma diabético.” Según León, Palazuelos “había cambiado su adicción al LSD por la Marihuana y supuestamente al momento de su coma cometía ciertos excesos”. Además comenta en la misma crónica, “en sus inicios Palazuelos fue todo un freak. Caminaba por Santiago con capa y pelo largo, discutía con todos y de todo. Pero también era un galán. Condición que cambió cuando se casó con Josefina, una atractiva uruguaya”. Agrega, “Palazuelos publicó su primera novela a los veintiséis años y desde ese momento no se paró de hablar de él. Junto a Mauricio Wacquez se instalaron como los estandartes de esta nueva generación que Armando Cassigoli supo anticipar en 1959, gracias a una antología que incluía a autores de escasos veinte años y universitarios, como Antonio Skármeta, Poli Délano y Carlos Morand.” Más adelante León comenta “Otra disputa, pero no tan seria, ya que ambos simpatizaban, la tuvo con José Donoso. Donoso le dice por ese entonces a Palazuelos que tenía que calmar su ego, ya que después de todo Rimbaud a su edad había cambiado la poesía. Si- le contesta el aludido con sagacidad-; pero a tu edad Camus había obtenido el Premio Nobel”.

Por su parte, Antonio Avaria citado en la misma crónica de León, habla sobre la importancia de Palazuelos para la época “Con su primera novela, Según el Orden del Tiempo, tuvo tanto éxito entre la crítica y los mismos escritores, que ahora sería totalmente impensado un éxito de esas dimensiones. En primer lugar, Juan Agustín Palazuelos publicó en Zig-Zag, una editorial grande, que hasta esa época no publicaba a desconocidos ni menos a jóvenes.”
 
 Al finalizar el relato sobre Palazuelos, León dice: “Pero si Estados Unidos tenía a William Burroughs, Chile –por así decirlo- tenía a Juan Agustín Palazuelos. El mito dice que una tropa de escritores iba a Isla Negra a visitar a Pablo Neruda. El mito continúa diciéndonos que Palazuelos agarraba una jeringa con LSD y se la inyectaba. El mito es insistente y nos dice que Palazuelos se ponía a morder cuanto encontraba; entraba en una especie de frenesí y Mauricio Wacquez tenía que ir junto a Josefina en su citroneta a San Antonio para comprar unos calmantes, también inyectables.” La verdad sea dicha, Juan Agutín Palazuelos murió de una diabetes no diagnosticada a los 33 años la madrugada del domingo 6 de julio de 1969.

Por su parte Filebo (Luis Sánchez Latorre) en Memorabilia, la crónica que por años ha mantenido en el diario Las Últimas Noticias, comenta “Cuando Juan Agustín Palazuelos, que en sus días ya no leía por gusto a D’Halmar, ni a Barrios, ni a Latorre, ni menos a Durand, se casó, se fue a vivir en una modesta casita que la familia Villanueva, muy generosa, le franqueó al lado de su mansión en la avenida Cristóbal Colón.” Más adelante agrega “Juan Agustín era de esos escritores que no sentían menoscabada su dignidad –o su identidad- visitando a sus congéneres. Recuerdo que así como llegaba a mi casa, envuelto en su antigua capa heredada de algún colega bohemio del tiempo del primer Juan Agustín Palazuelos, con su bastón de avellano y acompañado de su perro “Moya”, visitaba asiduamente a Nicanor Parra y a José Donoso. De sus visitas a Donoso se quejaba con frecuencia de las vedas forzosas que le imponía su amigo a la conversación por cambios bruscos de estados de ánimos. De la casa de Parra en La Reina me trajo la noticia de que Roberto Parra, que se haría famoso con los versos de “La Negra Ester”, y el “Maestro Pinina”, que trabajaba en la albañilería de la vivienda de Nicanor Parra, eran una misma persona. En Buenos Aires era recibido a manteles por el frugal Ernesto Sábato, si se puede decir así, en su hogar de Santos Lugares.” Filebo termina el artículo diciendo “Yo le tomé un enorme cariño a Palazuelos. Nunca me pareció egocéntrico ni presuntuoso. A la hora de los adioses pronuncié una oración fúnebre en el camposanto.” (Las Últimas Noticias, Pág. 44, 10 de abril del 2000).
 
 En otra crónica de Filebo, en la cual se pronuncia sobre los Novísimos, dice: “En 1960, el superjoven novelista Juan Agustín Palazuelos, aburrido de la cantinela del 50, inventó la aparición de los Novísimos. Él mismo, desde luego, se etiquetó como novísimo. Tomando pie en un verso de Nicanor Parra, que dice, Sepa Moya quien hizo las estrellas, dio el nombre de Moya al perro encantador, de raza indefinida, que lo acompañaba en sus paseos por el barrio señorial de la avenida Cristóbal Colón, donde vivía.” Hacia el final del artículo Filebo escribe: “Lo que más me atraía en los Novísimos, honradamente hablando, era la presencia del perro Moya, Palazuelos le había otorgado este nombre pensando en el misterio que había puesto en su camino al perro sin linaje conocido. Sepa Moya quien hizo las estrellas. La mala suerte quiso que Palazuelos viviera la mitad de la vida de Wacquez” (Diario Las Últimas Noticias Pág. 47. 16 de septiembre de 2000).

Por su parte, el desaparecido crítico literario Hernán Díaz Arrieta, conocido como Alone, en su crónica dominical del diario El Mercurio, se refiere a la aparición del primer libro de Palazuelos “Ha de estar contento el juvenil autor de esta novela (Según el Orden del Tiempo), su primer libro ha desatado un temporal de discusiones. Mientras juicios autorizados la ensalzan como novedad positiva, extraordinaria, otros, menores, no menos exaltados, la rebajan hasta el último límite, el del aburrimiento, llegando a atribuirle contenido político. A propósito, o despropósito de ella, han hablado de injusticias sociales, de gente que se baña y gente que no se baña, de explotadores que comen y explotados que padecen hambre. Entre esos fuegos cruzados, puede Juan Agustín Palazuelos, ayer desconocido, decirse filosóficamente: Me discuten, luego existo”. Finaliza su crítica diciendo “Tal vez Juan Agustín Palazuelos, de veintiséis años, sabio e inexperto, culto o candoroso, malicioso, admirador de Proust, que ha estudiado, leído y releído, no está desengañado de todo, buscando a tientas una manera personal de expresarse y si, con el tiempo, no irá a ser uno de los innovadores, de los descubridores de nuestra época, en ese tránsito justo a otra; el primero que supo y logró salirse del surco, por lo cual padeció persecuciones, como tantos, hoy objetos de estudios magistrales, de tesis psicológicas, sociológicas, filosóficas. ¡Quién sabe! Se han visto cosas peores. Gide se rió de Proust, lo hizo a un lado. Todavía muchos no aceptan a Joyce, rehúsan a Kafka.” (El Mercurio, febrero de 1963).

Como podemos ver, Juan Agustín Palazuelos, fue un personaje polémico, tanto por su obra como por su vida. Es lamentable que haya muerto tan joven, ya que después de leer sus dos únicas novelas, la sensación que queda es de una pluma que ya madura, podría haber dado a la literatura chilena, una gran obra y un interesante escritor, y no una promesa extinguida por los avatares del destino. Termino diciendo que me pasé años buscando sus dos únicas obras. Hasta que las encontré, separadamente, a las dos. Más tarde, y ante mi sorpresa, encontré por casualidad, una segunda edición de su primer libro, editada el año de su muerte.
 
P.D: Editorial Cuneta reeditó sus dos novelas el año 2014, se pueden encontrar aquí.