¡Quiero emprender!

“Quiero emprender, estoy estudiando / trabajando. ¿Qué hago?” Esta pregunta actualmente ronda las mentes de muchos jóvenes inquietos. Ya no tantos se decantan por el itinerario convencional Universidad — MBA — Escalar en la jerarquía de la empresa — Jubilación. Parece que la fuerza de espíritu de los jóvenes, junto con las dificultades del mercado laboral y un mundo lleno de oportunidades está avivando la llama del emprendedor que llevamos dentro.

Sin duda alguna hoy en día es mucho más sencillo emprender que en otros momentos históricos, cualquiera con un ordenador y una idea de negocio puede lanzar algo disruptivo adelante, y aportar un gran valor a la sociedad. Y es en esta última frase en la que se condensa la razón de ser del emprendedor: aportar valor.

Ahora todos nos autodenominamos emprendedores con gran facilidad, y es que lo somos, pues hasta organizar un partido de fútbol con unos amigos o irse de viaje a un país exótico es emprender. Entonces… ¿Un emprendedor es aquel que tiene una empresa? No necesariamente. Y lanzarse a montar una compañía por seguir la moda sin buscar aportar nada a la sociedad, por dinero o por cualquier otro motivo intrascendente no hará más que comprarte más papeletas para fracasar. Pero vamos a centrarnos en lograr el éxito en el emprendimiento.

Hay dos tipos de emprendedores: intraemprendedor y emprendedor. El intraemprendedor es una persona que, dentro de una gran compañía, se dedica a estrategias innovadoras para con ello lograr que la empresa que le emplea salga adelante. Así, por ejemplo, quien lanzó el yogur griego en Danone constituye un buen ejemplo de intraemprendedor. El emprendedor es quien desarrolla una idea que puede ser un negocio o una ONG y que aporta un valor a la sociedad, emprender es seguir una pasión sobre todo, es volver a ser un niño y hacer realidad las ideas con las que buscamos mejorar el mundo con locura.

No puede ser que al preguntar a una persona “¿Qué tal va esa vida?” las respuestas sean del estilo “Psé… tirando…” ¿tirando qué?, “Bieenn… más o menos…” ¡No tanta efusividad por favor!, “Dolido, pero bien” Suele ser otra palabra similar a dolido. ¡Y es que estamos rodeados de “pffs”! Hay un montón de gente viviendo vidas aburridas, vidas en las que están siguiendo un itinerario preestablecido que desilusiona y quita las ganas de pensar y moverse, es decir, que deshumaniza.

Lo propio del ser humano es la vida, y debemos entenderla como un regalo, como algo que no es un ensayo general, la vivimos en directo, no deberíamos gastarla en rutinas. No son teorías inventadas, el último dato son 9.200 millones de € que a España le cuesta cada año el absentismo laboral. Es pues obligación de las personas con capacidades emprendedoras crear empresas que motiven y que apasionen a sus empleados tanto como a sus clientes. A pocos clientes puede convencer un empleado que busca el absentismo, frente a un trabajador motivado que se siente valorado en un entorno donde desarrollarse como persona y como profesional.

“Forma bien a la gente para que puedan marcharse, trátales mejor para que no quieran hacerlo” — Richard Branson

Emprender es así una combinación de locura y pasión. Locura porque algún cortocircuito debe haber en el cerebro de quien se lanza a crear una empresa con un ratio de supervivencia de 1/100. Y pasión, porque es lo único capaz de lograr que una persona aguante la lucha que deberá librar. Todo se reduce a la actitud en cada momento.

Estamos viviendo una progresión interesante pero a su vez desastrosa, cada vez más y más emprendedores, anuncios de “¡Emprende!” inundan las calles, inversores que corren como pollos sin cabeza llenando las cuentas de empresas sinsentido porque tienen que mover los fondos que tienen comprometidos (Juicero por ejemplo), y mientras crece el número de emprendedores, se desploma la tasa de éxito. ¿Qué ocurre? Que la gente corre mucho, nos hemos inmerso en una vorágine de rapidez, todo rápido, planes de empresa que cruzan el break even a los dos meses buscando crecimientos exponenciales, aceleradoras con bases donde se repite la palabra “escalable” por todos lados. Y es que parece que se está perdiendo el valor de la paciencia, y se confunden conceptos. El método Lean Startup no invita a lanzar “lo que sea” al mercado lo más rápido posible, sino que introduce una metodología mediante la cual reducir el gasto para comprobar si un modelo de negocio funcionará en un entorno controlado o no. Si la propuesta de valor es real y válida los clientes vendrán, y con ello el dinero, pero el fin primero no debe ser hacer caja, sino lograr clientes felices y satisfechos.

“La mejor publicidad es la que hacen los clientes satisfechos” — Prof. Philip Kotler

Vemos Startups que por el hecho de acuñar esa denominación adquieren la valoración estándar de 1 millón de euros cuando su flujo de caja tiene peor pinta que el de la administración pública. Emprendedores centrados en levantar inversión antes de buscar clientes con los que autofinanciarse. Planes de gasto insostenibles sin series de inversión solamente con la esperanza de hacer un “Exit”… Cuánto daño ha hecho esa palabra al emprendimiento…

Emprender es luchar por tus clientes, luchar por una propuesta de valor, al luchar por ellos se busca naturalmente proteger sus intereses y mantener el control haciendo crecer la empresa con el fin de aportar riqueza a la sociedad, no de hacer cartera de manera rápida pensando antes en el term sheet de una carta de intenciones que en las vidas de tus clientes, sin los cuales nada habría sido posible.

Me alegra ver emprendedores jóvenes que hacen crecer empresas sin apenas financiación por capital, emprendedores que se mantienen firmes en la convicción que les empujó a emprender de cambiar el mundo, emprendedores comprometidos con el mundo y con la gente en lo que se llama ahora “emprendimiento social”.

Me quito el sombrero ante las personas que luchan por ese sueño puro y por aportar valor con el esfuerzo de crear algo nuevo desde cero o desde dentro de una gran empresa, ante quienes se resisten a convertir algo tan bonito como el emprendimiento en un nuevo mercado especulativo al estilo Wall Street.

Gracias por emprender, gracias por trabajar duro por sacar adelante tu pasión, gracias por aportar valor a la sociedad.

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