Ilustración de Gemma Evans

El miedo al “no”

Franzia Flores
Aug 26, 2017 · 2 min read

Cuando estudiaba y llegaba el fin de semana, probablemente ya me había gastado todo mi dinero de estudiante foránea y siempre sentía la garganta fría cuando llegaba el momento de preguntarle a mi papá si podía prestarme $200 pesos para llegar al domingo. Tenía miedo de escuchar no, pero mi motivación por una cerveza era más fuerte que el miedo. Pocas veces me fue negado ese “préstamo”, pero aún así en mi interior era la misma sensación de ansiedad cada vez que lo pedía.

Ya en la vida profesional, sucedió que en mi trabajo, mis responsabilidades subieron de nivel, pero no mi sueldo o puesto.

“Pide un aumento ya, ¿qué puedes perder?” me decía un compañero, y yo respondía que no estaba segura de hacerlo porque yo acepté esa oferta al principio, aunque realmente la oferta no incluía las nuevas responsabilidades. Para hacer el cuento corto, tardé dos meses en decidirme a pedir un aumento por el miedo a la negativa. De nuevo, me lo concedieron sin problemas y mi miedo era infundado, pero la sensación de terror es algo sumamente difícil de enfrentar.

Con el paso de los años he aprendido a sortear ese miedo, porque detrás de la puerta hay dos respuestas: sí o no. Con el sí, suceden cosas buenas y con el no, lo único que sucede es que todo se queda igual.

Con eso en entendido creía haberlo superado, pero recientemente volví a sentir ese miedo más fuerte que nunca.

El terror volvió cuando caí en la cuenta de que tal vez necesitaba emprender, porque no me siento completa de otra manera. La cosa es que, para emprender, hay que pedir ayuda y creo que ya está de más entendido que eso me produjo un nivel de ansiedad antes desconocido.

Con esa nueva sensación todo se volvió más difícil dentro de mi cabeza, hasta las cosas más sencillas de la vida diaria me causaban un conflicto interno que parecía estar decidiendo la tercera guerra mundial. Terminé tomando ansiolíticos ligeros un tiempo para calmar la ansiedad.

Es decir, tampoco me quedé sin tomar decisiones postrada en una cama durante dos meses. Siempre he enfrentado el miedo, solo que esta vez fue un poco más difícil. Nunca me permití quedarme congelada y de hecho, las cosas han salido bastante bien.

El punto de todo esto, son tres cosas:

  1. Admiro la fortaleza de las personas que colaboran con otros y no los detiene el miedo a la respuesta.
  2. Lo que sentimos nos controla más de lo que suponemos.
  3. La única manera de crear es aceptar que, a veces, las cosas no van a salir bien.

Por lo pronto, estoy en el proceso de aceptarlo y seguir.

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Franzia Flores

Written by

Design, dogs, food and existential crisis.

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