Día 5 – Plática pendiente

Una vez alguien me dijo: Todos tenemos una plática pendiente con alguien. Yo tenía un lustro más al par y ni una plática pendiente.

Luego, hallé el significado de “plática pendiente”. Nace de un encuentro, planeado o fortuito, algunos creerán que en el encuentro fortuito las posibilidades del nacimiento de una plática pendiente aumentan, pero están muy equivocados.

Planearlo no nos salva del ingrediente principal: La necesidad de no terminar las cosas.

Un poco más pequeña, mi mamá decidió inscribirme a la Casa de Cultura a tomar clases de ballet, después de mis clases extra curriculares de violín. Me acuerdo que me acostumbré a comer rápido y adentro de un objeto en movimiento sin derramar una sola gota de caldo de pollo. Nunca me gustó ballet. Nunca me gustó tocar violín. Yo la verdad quería aprender a jugar HALO. Pero nunca me salí, tomé ocho años de clases de ballet y solo cuatro en violín. Necesitaba terminarlo. Necesitaba terminar mi ciclo de bailarina de ballet para poder decir: No me gusta, me quiero salir. Necesitaba terminar de tocar una canción bien en violín para decir: No soy buena, ya me cansé.

Y así terminaba las cosas. Porque así se terminan las cosas, cuando le ganas al tiempo aunque sea por un momento.

Y ya no terminamos las cosas. Nos hemos hecho emocionalmente dependientes de los puntos suspensivos. Nos hemos hundido en el darnos por vencidos.

Y ojalá nadie sienta motivación al leer esto.

Y ojalá también alguien no termine de leer esto.

Quizá solo así sabría que me lee como humano que no me haría daño nunca.

No se enamoren de personas que terminan. Que terminan y pueden empezar como nada. Que pueden empezar cosas mejores. No se enamoren porque los van a terminar. Al menos de que ustedes sean su final, y eso es igual de triste.

Conclusión de hoy: Enamórense de los que dejan pláticas pendientes.

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