Está pasando en las Antípodas

MURRUMU WALABARA Yidinji es periodista pero ya no ejerce como tal. Durante años fue redactor político en Canberra para una cadena de televisión. Entonces se llamaba Jeremy Geia. Hace dos años decidió dar un giro a su vida para reivindicar la plena soberanía de su pueblo, aborigen, y rompió con el sistema. Renunció a su nacionalidad australiana. A los documentos oficiales de identidad, cobertura sanitaria, permiso de conducir. A sus cuentas bancarias y al trabajo, también. Y a su nombre. Ahora es ministro de Asuntos Exteriores de la que considera su nación, Yidinji, y planea encuentros internacionales con homólogos en otros países. El primer ministro de Yidinji, Gudju Gudju Gimoybara, se ha reunido con embajadores de la Federación Rusa, Venezuela y representantes de Cuba. En su cuenta de Twitter @CMO_yidinji recoge las fotos de éstos y otros encuentros. Su caso pone en jaque el discurso oficial de la reconciliación con el pueblo aborigen y, en definitiva, el derecho a la autodeterminación. Murrumu reivindica la plena soberanía de Yidindji, el pueblo al que pertenece y, como ahí no hay Tribunal Constitucional que se haya activado, vive bajo sus leyes tribales. El primer ministro Malcolm Turnbull conoce personalmente a Murrumu, y de momento no parece quitarle el sueño la cosa. Ha pasado un par de veces por los juzgados por su activismo, claro. Una por negarse a identificarse con el nombre oficial. Otra, por conducir con placas de matrícula no reglamentarias –Murrumu defendió sin éxito que cumplía las leyes de su territorio.

El senador de asuntos indígenas australiano dio su reconocimiento a Yidinji hace un par de semanas, y la autodenominada nación reclama ahora un tratado. Algunas voces ya alertan de las consecuencias efectivas que tiene el reconocimiento de los derechos de los aborígenes australianos, que pueden ir más allá de la recuperación de tierras «sagradas». Una nación dentro de otra nación, con otras reglas y gobiernos.

Sesenta australianos han renunciado como Murrumu a su nacionalidad para prometer lealtad a esta nueva Arcadia que bebe de los orígenes precoloniales del continente. Estaban antes que los ingleses, insisten, aunque su tiempo se mide de otra forma, porque discurre circular, de acuerdo con los mitos de sus ancestros. Su hijo, de siete años para nosotros, de edad incalculable en Yidinji, ha logrado ahora matricularse en la escuela con un único certificado de nacimiento de su tribu.

En junio celebran el día de la ciudadanía, varias decenas de personas prevén nacionalizarse en este país no reconocido que marca sus fronteras en la costa del norte de Queensland, y Cairns, la capital de la barrera del coral, en el epicentro. Ya crearon un Ministerio de Medio Ambiente en febrero para ocuparse de su protección.

Un reportero de The Guardian que ha hecho seguimiento de esta peculiar historia espera estar en primera fila con unas palomitas el día que Murrumu se disponga a salir del país por el control del aeropuerto en una misión oficial, ya que por descontado tampoco tiene pasaporte.

Está pasando en las Antípodas, pero lo leo y no me saco de la cabeza a Raül Romeva, su Conselleria de Asuntos Exteriores recurrida por el Gobierno ante los tribunales. Su cambio de nombre para esquivar los vetos. Su agenda política. Su última reunión ayer, con el vicepresident del Gobierno balear, alto cargo de otro territorio.

(Publicado en EL MUNDO DE CATALUNYA el 15 de marzo de 2016)