No soy tú

Anulamos tres cuartas partes de nosotros mismos con el fin de ser como los demás.

Arthur Schopenhauer.


Había pensado que esta frase la había inventado yo.

Orgullosa la consideraba como parte de mis propios pensamientos y la enunciaba con seguridad cuando me encontraba en Instagram con cualquiera que deformara su cuerpo hasta paracer una Kardashian.

Me embargó la desilusión cuando me la tropecé en un libro mientras hacía mi lectura diaria.

Le pertenece a un brillante filósofo alemán del siglo diecinueve quien contribuyó con su legado en numerosas materias en el área de la reflexión.

Es claro que al igual que yo en este preciso instante, de los siete mil millones de habitantes muchos, varios, cientos o algunos pocos, pero alguno, estará haciendo o pensando lo mismo que yo, probablemente en otro contexto pero lo mismo.

En el fondo sé perfectamente que soy un ser único, singular, que mis experiencias, emociones y sentimientos me hacen ser y sentir diferente.

Sé que no depende de nadie mi identidad o autovaloración, por eso me hago cargo de lo que pienso, de cómo reacciono y de cómo me comporto.

Me he hecho capaz de aprender que nadie más puede controlar lo que ocurre en mi interior, que este solo me pertenece a mí, y que todo lo que pienso y siento se halla bajo mi control, pero…

Se me olvida

Me impongo límites asociados con la creencia y la ilusión del afuera, del otro, de lo que están haciendo o han estado haciendo los demás. Al principio parecería un sano parámetro, pero cuando le paso por encima a mi esencia y empiezo a desalinearme la cosa se pone complicada.

Es ese control interno que dono de manera voluntaria lo que en ocasiones me exaspera reflejándose como una especie de caos en el afuera. Bueno, quitémosle el drama a la palabra caos. ¿En verdad se siente como un caos? NO. Retomo la frase “reflejándose como una especie de incomodidad en mi vida”.

Toda nuestra cultura es un caudal de presiones, de exigencias, de competencias. Quién es más delgada (o), quién acumula más éxito, más profesiones, más dinero, más posiciones.

En definitiva renunciamos a ser quién somos para complacer a los padres, esposos, hijos, jefes, amigos.

En ocasiones para complacer a alguien que ni siquiera conocemos pero que es popular coleccionando millones de seguidores en las Redes Sociales.


Me siento diferente

Como sé que me siento como pienso, he estado pensando diferente últimamente.

Soy inmigrante desde hace un poco más de ocho años. He aprendido adaptar mis creencias a mi nueva realidad sin renunciar a lo que soy.

Es fácil, si pudiera renunciar o cambiar mi afuera: El país, el idioma, la casa, la gente que me rodea, mi ocupación actual (que dejé de llamar trabajo) yo seguiría siendo yo.

Reconocer eso me hace sentir poderosamente grande.

Siento que podría vivir en cualquier país del mundo y desarrollarme cómo escoja sin dejar que el miedo entre en acción.

Mantener el foco en que lo que le está pasando al otro es parte del diseño de su vida y que le está sirviendo a sus creencias convirtiéndose en una materialización de sus pensamientos y sentimientos, me permite operar desde el poder de lo ilimitado.

Me ha pasado. He aparantado ser feliz y sociable, mientras que por dentro he estado incomoda, compensando de alguna forma los sentimientos de carencia que en alguna oportunidad he llegado a albergar.

He sentido miedo.


El miedo es un signo de tensión que surge entre lo que deseas y lo que haces


Siempre que tengo miedo es porque al estar indecisa mi mente se encuentra dividida y mi comportamiento se vuelve errático. Dice un Curso de Milagros: Solo tu mente puede producir miedo.

He sentido miedo de no ser como los demás. He sentido miedo de que me importen otras cosas, también lo he sentido de renunciar a lo que los demás consideran importante.

Soy un ser único y así me siento. Me reconforta saber que me parezco a lo que deseo ser y que cada día sigo diseñando mi vida.

Que mis vivencias y la forma como observo y aprecio lo que está afuera está mostrandome el camino.

Un camino de realización, un camino que me acerca a tomar las acciones para lograr una versión más alineada a mi verdadero Ser, no importa que no se parezca al de alguién más.

¿Qué pasaría si nos tomamos en serio y profundizamos más en admirarnos, en querernos, en oírnos, en sentirnos, en darnos el crédito, en respetarnos, en abrazar nuestra verdad?

Pasaría mucho. Pasaría TODO!

No hay actividad humana que pueda sobrepasar lo que realmente somos.

Celebro que en este instante, en este otro y en el que está por venir, soy cada vez más yo!

Like what you read? Give karolina Fruggiero a round of applause.

From a quick cheer to a standing ovation, clap to show how much you enjoyed this story.