De Granados al Cementerio Nacional de Arlington

El capitán del ejercito de Estados Unidos Emmet Crawford, fue herido mortalmente en un paraje al sur de Granados el 11 de enero de 1886, cuando perseguía al jefe apache Gerónimo, en un confuso incidente con un grupo de mexicanos, que casi desata un nuevo conflicto entre los dos países.

En un largo y tardado recorrido, sus restos fueron trasladados desde las inmediaciones de la junta de los ríos, al sur de Granados, hasta el Cementerio Nacional de Arlington, en las afueras de Washington D.C., el sitio donde los estadunidenses sepultan a sus mas grandes héroes militares.

La muerte de Crawford dio pie a una disputa diplomática entre México y Estados Unidos, que desemboco en una investigación binacional en la que se recabaron decenas de testimonios, incluyendo los de varios notables granadeños.

El incidente, registrado en una nutrida correspondencia diplomática, permite ahora a 130 años de distancia, echar una pequeña ojeada a un momento de la vida Granados y de algunos de nuestros antepasados.

Esta es la historia:

Gerónimo, uno de los mas prominentes líderes de la tribu Apache Chiricahua, se escapo por tercera y ultima vez en mayo de 1885 de la Reservación de San Carlos en el sur de Arizona, para volver a su antigua vida nómada asociada con los asaltos y la guerra.

En cada una de sus fugas, Gerónimo y su banda huían hacia México, matando y saqueando en los ranchos y pueblos por donde pasaban, mientras establecían su nueva base en la Sierra Madre Occidental.

En México los apaches estaban relativamente aislados de la persecución de las fuerzas armadas de Estados Unidos y conocían muy bien el terreno áspero de la sierra.

Sin embargo, para cuando Gerónimo se escapo por tercera ocasión, México y Estados Unidos ya habían previsto este tipo de situaciones y habían firmado dos años antes un acuerdo que permitía al ejercito estadunidense ingresar a territorio mexicano en persecución de los apaches, calificados como “hostiles” por los estadunidenses.

Tras la fuga de Gerónimo, el general George Crook, a cargo del Departamento Militar de Arizona, envío varias expediciones en su búsqueda durante el verano de 1885, ninguna de las cuales pudo encontrarlo.

En diciembre de 1885, Crook decidió enviar de nuevo a sus capitanes en búsqueda de Gerónimo y ordeno que una misión fuera hacia Nuevo México para recorrer las montañas Mogollón, y otras dos se dirigieran a México, una al oeste de la sierra madre por el estado de Sonora y otra en lado este por Chihuahua.

Crook envió a la expedición de Sonora al capitán Emmet Crawford, un hombre originario de Pennsylvania quien entonces tenia 41 años de edad, pero contaba ya con amplia experiencia, al haber iniciado su carrera militar a los 17. Crawford había en importantes batallas de la Guerra Civil y en la guerra contra los Sioux.

Crawford cruzo la frontera por Agua Prieta el 11 de diciembre de 1885, en busca de alguna “señal” de Gerónimo.

Su batallón estaba integrado por 92 indios “scouts” (exploradores), como se les llamaba a los apache “mansos” que colaboraban con el ejercito como rastreadores, bajo la filosofía del General Crook de que se necesitaba de un apache, para encontrar y detener a otro apache.

Al mando y coordinación de los scouts estaban además de Crawford, el teniente Marion P. Maus, los sub tenientes William E. Shipp, y S.L. Faison, el doctor T. B. Davis y los civiles Tom Horn y William Harrison.

Para los apache exploradores, el ingresar a México era extremadamente peligroso. El gobierno mexicano pagaba en esa época hasta 200 pesos plata por cada cuero cabelludo de apache y no importaba si estos eran de apaches “mansos” o de alguno de los “salvajes” que acompañaban a Gerónimo.

Los apache exploradores no eran soldados y no se sometían fácilmente a las ordenes de Crawford y de sus subtenientes, sobre todo en lo relativo a no matar vacas de los ranchos por donde pasaban y a no tomar mezcal.

Crawford paso por Fronteras y Oputo y en ambos pueblos fue informado de las recientes fechorías cometidas por los Apaches hostiles.

El 22 de diciembre, el batallón acampo entre los pueblos de Huasabas y Granados, donde recibió mas reportes de robo de ganado por parte de los apaches alzados, pero donde también detecto el recelo de sus habitantes por la presencia de los apaches exploradores que traía bajo su mando.

A su paso por estos dos pueblos el teniente Maus escribió: “Los naranjos y limoneros estaban llenos de frutos, a pesar de que ahora es 22 de diciembre. Este valle, rodeado de altas montañas, es fértil, aunque poco cultivado. Los únicos vehículos en uso son carruajes, las ruedas de los cuales son secciones cortadas de los troncos. Los arados son piezas de madera con punta”.

“La gente esta desprovista de todas las comodidades de la vida. La harina de maíz se obtiene golpeando los granos en las piedras. Es gente totalmente desolada y completamente aterrorizados por los apaches, que son una amenaza constante para ellos, como lo son para todos los habitantes de estos pueblos.”

Maus dejo constancia que fue en esos pueblos donde se tuvo la primera noticia fiable de los hostiles estaban asesinando personas.

El día de navidad, el batallón partió rumbo a Bacadehuachi y sobre este pueblo el Teniente Maus escribió: “Este es el sitio de una de las antiguas y finas misiones construidas por los audaces sacerdotes que buscaron plantar su religión entre los nativos muchos años atrás·”.

La misión de búsqueda llego luego a Nacori Chico. “Este lugar se encontraba en un estado continuo de alarma, habiendo construido una pared a su alrededor como protección en contra de los Apaches, cuyo solo nombre daba terror”, apunto Maus.

Para el 3 de enero, el batallón ya había acampado en el Río Aros, un afluente que al juntarse con el Rio Bavispe conforman el Rio Yaqui.

El 8 de enero de 1886, tras encontrar nuevas señas del paso de Gerónimo por esos lugares, Crawford ordeno a la tropa seguir el rio rumbo al oeste y mando a sus hombres a una marcha continua de 48 horas sin dormir, en un Intento desesperado de encontrar a los apaches prófugos.

“Habíamos penetrado ya mas de 200 millas dentro de las montañas de México y estábamos seguros de que los hostiles estaban cerca. Se decidido que nos moviéramos de inmediato en su persecución”, escribió Maus.

En el amanecer del día 10, después de una marcha de dieciocho horas, los exploradores detectaron el campamento de Gerónimo, en la confluencia de los ríos Aros y Bavispe y rápidamente prepararon y lanzaron un ataque. Sin embargo, a pesar de las precauciones tomadas para no ser detectados, al ataque no fue sorpresa.

Los apaches hostiles fueron alertados por el rebuzno de los burros de carga de la tropa de Crawford. La gran mayoría de ellos pudieron escapar, pero se logro capturar a muchos de sus caballos y equipos de campamento, junto con un número de prisioneros.

Hacia la mitad de la tarde del día 10, cuando Crawford y sus hombres descansaban, una india emisaria de los hostiles entró en el campamento. Dijo que Gerónimo y sus seguidores habían acampado al otro lado del Rio Aros a unos pocos kilómetros de distancia y deseaba hablar con Crawford sobre la rendición.

El capitán accedió a reunirse con Gerónimo, y con los jefes Chinuahua, y Nachez al día siguiente. Un lugar para la conferencia fue organizada y la india partió. Los testimonios señalan que todo el mundo en el campo estadounidense se relajo creyendo que finalmente las guerras apaches estaban a punto de terminar. Sin embargo, la conferencia nunca tuvo lugar.

Poco antes del amanecer en la mañana del 11 de enero, el día de la reunión con los apaches, Crawford fue despertado por sus centinelas en el campamento apostado en la cordillera conocida como “El Espinazo del Diablo”, al suroeste de La Tinaja y ahí le informaron que se acercaban tropas.

Algunos de los apaches de Crawford, en la creencia de que quienes se acercaba era el capitán Wirt Davis con el 1er Batallón de Exploradores Apache, comenzaron a gritar en su lengua nativa, saludando.

Empero, quienes se acercaban, era realmente un Comando de Seguridad Publica de Chihuahua (Nacionales), encabezado por el general tarahumara Mauricio Corredor, quien seis años antes había matado a Victorio, un importante jefe Apache.

La fuerza mexicana estaba constituida por 128 hombres en total, la gran mayoría de ellos indios tarahumara “irregulares”, que no recibían ningún pago de los gobiernos estatal o federal y su remuneración provenía del botín tomado en las redadas a los apaches y de los cueros cabelludos que recolectaban, 200 pesos por el cabello de un guerrero y 100 por el de indias y niños.

En respuesta a los gritos de los apache exploradores de Crawford, la fuerza mexicana comenzó a disparar a la tropa estadunidense. Ellos no sabían si los gritos que escucharon eran de un apache mansos o de un apache hostiles y de haber sabido la identidad probablemente habrían también disparado, dado que andaban en la búsqueda de cabelleras apache.

Crawford, Maus y Horn, gritaron en repetidas ocasiones identificándose a si mismos como soldados estadunidenses, pero a pesar de las suplicas los disparos continuaron sin detenerse.

Deseoso de evitar el derramamiento de sangre, Crawford subió a una gran piedra donde se encontraba a la vista de los mexicanos. Allí, vestido con su uniforme de campaña del Ejército y agitando un pañuelo blanco, gritó en voz alta, “Soldados Americanos”, al mismo tiempo, que pedía a sus propias tropas no devolver el fuego.

El informe oficial de los acontecimientos, redactado por el teniente Maus, señala que: “Entonces se acercó un grupo de ellos (de los mexicanos) y el capitán Crawford y yo salimos al descubierto a unas 50 yardas de nuestra posición y les hablamos. Yo les dije en español que éramos soldados estadounidenses, les dije que miraran nuestros uniformes y les dije que no dispararíamos”.

“El capitán Crawford me ordeno entonces ir hacia atrás y asegurarme de que nadie de los nuestros disparara. Comenzaba a hacerlo cuando de nuevo se disparó una ráfaga. Cuando di vuelta, vi al capitán tirado sobre las piedras con una herida en la cabeza, y parte de su cerebro esparcido sobre las rocas. Todo esto ocurrió en dos minutos, No pudo haber error. Estos hombres sabían que estaban disparando a soldados estadunidenses en ese momento”, aseguro Maus.

El hombre que al parecer disparo a Crawford fue el propio Mauricio Corredor, y el arma era el mismo rifle de calibre .50 que uso seis años antes para matar a Victorio.

El haber lesionado a e Crawford enfureció a los apaches exploradores, que devolvieron el fuego. Durante una hora, los apaches y los mexicanos mantuvieron el enfrentamiento a determinada distancia, mientras Crawford yacía sangrando, aún con vida, a la vista de las dos fuerzas.

La puntería Apache demostró ser superior a la de los mexicanos, y estos pidieron el cese al fuego agitando una bandera blanca, solicitando una reunión. Cuatro de ellos habían muerto, incluyendo Mauricio Corredor, y cinco habían sido heridos. Los estadunidenses habían perdido a Crawford, y cuatro mas habían resultado heridos, incluyendo a Tom Horn.

Sin liderazgo, las fuerzas mexicanas, se turbaron y huyeron con sus heridos a una serie de colinas cercanas a unos 300 metros de distancia.

Tras el tiroteo, el teniente Maus, que había tomado el mando, y Tom Horn, con su brazo vendado, entraron en las líneas mexicanas. Descubrieron entonces que la tropa mexicana consistía principalmente en indígenas tarahumaras, acérrimos enemigos de los apaches, en busca de cabelleras para recibir la recompensa.

Al día siguiente, Maus fue llamado al campo mexicano con el pretexto de nuevas negociaciones. Los mexicanos se negaron a liberarlo hasta que se les proporcionó mulas para transportar a los heridos.

Crawford no recobro la conciencia y permaneció vivo a lo largo de toda una semana después de que le dispararon, hasta el 18 de enero cuando finalmente falleció. Su cuerpo fue conducido en una litera a lo largo de dos días, transportada por ocho apaches exploradores a través de un terreno áspero y bajo una lluvia permanente.

Crawford fue sepultado en Nacori Chico, “con gran dificultad” porque solo se encontraron cuatro tablas para poder confeccionarle un ataúd.

Al regresar a Estados Unidos y rendir su informe sobre la batalla, Maus aseguro que los mexicanos sabían bien a quiénes estaban disparando. El gobierno de Estados Unidos protesto por el incidente y exigió a México una investigación.

El gobierno mexicano ordeno a un juez del estado de Chihuahua investigar los hechos. El 11 de febrero de 1886, el juez a cargo abrió una serie de sobre “el enfrentamiento armado que tuvo lugar entre una fuerza americana de indios auxiliares y una fuerza de voluntarios”.

La investigación sobre el incidente, conocido en Estados Unidos como “Crawford Affaire” y en México como “Encuentro de Tiopar”, se prolongo algunos meses y para mayo mas de treinta individuos habían testificado. Varios granadeños rindieron testimonio ante la Prefectura del Distrito de Moctezuma, incluyendo a Don Venancio Durazo, Fadriqué Arvizu y Julián Moreno, también testificaron vecinos de Huasabas, Oputo y Bacadehuachi.

La investigación del gobierno mexicano se centro en demostrar que los apaches exploradores al mando de Crawford, no eran tan “mansos” como se decía y que en su incursión para seguir a Gerónimo provocaron algunos desmanes, principalmente robo y muerte de cabezas de ganado.

Bajo esta tesis, fue muy fácil que las tropas mexicanas hubieran confundido a los apaches mansos con los hostiles. México también argumento que en el acuerdo en el que se autorizaba el ingreso de tropas estadunidenses a territorio mexicano, no estaba contemplado como tropa el uso de apaches mansos.

Finalmente, en febrero de 1887, el gobierno mexicano ofreció devolver las mulas y el equipo que el teniente Maus se había visto obligado a dar a quienes lo atacaron. Mexico no emitio ninguna disculpa.

Militares estadunidenses estimaron que de haber vivido Crawford, Gerónimo y sus seguidores se habrían entregado en enero de 1886, con el consiguiente ahorro de casi ocho meses más de persecución y muerte.

Al conmemorarse el decimo aniversario de los hechos, el 11 de enero de 1896, el Congreso asignó cinco mil dólares a la familia de Crawford con el comentario de que, “la muerte prematura de capitán Crawford fue resultado de su búsqueda valiente y estricto cumplimiento de su deber de soldado de Estados Unidos”.

Dos meses después de la muerte de Crawford, el ejercito estadunidense comisiono a un civil para que fuera a Nacori Chico y exhumara el cuerpo para y traerlo de regreso a Arizona, desde donde fue trasladado en tren hasta su lugar de origen en Kearney, Nebraska. En 1908 sus restos fueron exhumados de nuevo y trasladados al Cementerio Nacional de Arlington.


Originally published at desdelapirinola.tumblr.com.

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