Sí, estás un poco loca.

Un poco loca, un poco traviesa, demasiado cuerda para el gusto de muchos y muy poca para el resto. Cómo ser uno mismo cuando vives para el resto… esa pregunta me la hacía mientras me respondía cualquier excusa para no afrontar quién soy. Soy libre, expresiva, sensible, emocional y emotiva. Soy una mujer, sí, un poco loca. Soy yo, soy quien mejor y más me aguanto, pero me soporto poco… contradicciones que no hacen sino echarme de menos siempre que no soy yo, loca y revuelta, risueña y alegre.

Te lo escribí una noche de verano, justo después de una estupenda y agradable cena. Velada diría yo, ya que no nos limitamos a comer. También hablamos. Reímos. Escribimos de forma improvisada. Y, después, nos leímos. Y nos contamos cosas. Cosas de las que éramos dueños en exclusiva y esa noche compartimos. Me insististe en que te describiera. Que escribiera un pequeño texto. Recuerdo que te gustó, o al menos eso me dijiste.

Hoy quiero añadir algunas otras palabras que no te dije, que no escribí. Hoy quiero desnudarme, desnudarte y que nos hagamos dueños de nuestras propias historias, de nuestros propios recuerdos, de nuestros secretos. No obstante, no tengo absolutamente nada más que añadir. Excepto que todo lo que tengo que decirte ocuparía, posiblemente, cientos de hojas y, seguramente, para no decir nada nuevo, nada más de lo que ya te he dicho.

Es cierto. Puede ser. No he sido capaz de verbalizarlas, de encontrar las palabras, de transmitirlo y comunicarlo por el lenguaje -verbal. Te he dicho tantas cosas…Te las he dicho, en silencio, mirándote a los labios cuando silbas las palabras que me embaucan cual canto de sirena. Te he mirado a los ojos, diciéndote lo mucho que me atrapan. Te he dicho tantas cosas mientras te acaricio la espalda… Te he recitado poemas. Te he dedicado canciones, sonetos, versos y relatos. Te he mencionado en tantas conversaciones conmigo mismo que he olvidado desde hace cuánto te conozco.

Eres un torbellino. Un huracán de aire renovado que trae la más absoluta calma. Remueves y revolucionas lo que creía ya hace tiempo yacido. Encuentras lo perdido. Juegas con la mirada tratando de encontrar la rendija por la que colarte, la rendija que te permita acceder a las pasiones más ocultas. Despiertas el deseo.

Es cierto, estás un poco loca. Esa locura que brilla de pura bondad, de total naturalidad, de absoluta inocencia. Esa locura que grita al mundo quién eres, sencilla y complicada al mismo tiempo, alegre, dicharachera, elegante, traviesa, mordaz, apasionada, sensible…tímida. Una locura contagiosa, digna de envidia. Una locura absolutamente maravillosa. Una estrella a punto de explotar para iluminar el universo; mí universo. Un capullo que brota enérgico olvidándose de la primavera y que nos regala una preciosa flor en invierno, con ganas de maravillar al mundo.

Eres dulce.

Loca, en un mundo alocado. Sin sentido. Sin valores ni principios. Me encanta que seas una loca, en un mundo perdido. Eres una loca. Ven. Únete, estarás entre locos. La más sensata y serena de todos ellos. La más anormal en un mundo nada normal. Lo normal, hoy, es vulgar. Chabacano. Pobre. Insulso y sin interés.

Eres mi loca, mi anormal. Y me has vuelto loco, a mí, que soy otro loco. Otro anormal.