Uno

No soy nadie mas que yo. Pero no importa quien soy. Al final del día si soy Gilberta o Ricarda da igual. Mi vida es cualquier vida, podría ser cualquier vida.

De pequeña creía que había nacido para ser grande. de repente fui muy grande, pero de estatura. En cambio aquello que realmente me haría grande siempre estaba 3 pasos adelante de mí. Una cifra no tan despiadada. así era todo por acá, a pasos de conseguirlo, pero nunca una victoria.

Me llaman La Fulana. Nombre odioso para quien lo escuche, pero a mí nunca me ha molestado. Me gusta ser el centro de ellos aunque piensen que son más que yo. Soy la burla pero también el tema de conversación, el bufón entre un banquete de celebración.

Si ni siquiera soy graciosa, ni mucho menos agraciada, cómo puedo yo, maltrecha nínfula grandulona, ser el hazmerreír de una idiotizada fila de desenfrenados y aislados seres.

Sí. Aislados. Vivimos en toda la entrada del pueblo “El Olivo”, que entre chiste y chanza parecía más un olvido. la carretera es destapada, polvo de esquina a esquina y una que otra montonera de basura que se deja afuera del restaurante.

A unos 3 km está el basurero local. Pero qué gran mierda. Por lo general hiede a todas las cosas más asquerosas juntas. Huele a sapo revuelto con huevos. Huele a orgía pública. Huele a río contaminado con químicos farmacéuticos. Hiede y huele. Los lunes es el peor día, lo descubrí desde que tengo cinco años. Había programado un calendario que detectaba, según intuían mis fosas nasales, los días más concentrados de hedor putrefacto. Pero claro, no es algo nuevo que el día lunes sea el predilecto.

Los domingos son regularmente días en que la gente no hace nada. Mucho menos en este recóndito final de mundo. Mientras la gente descansa suele pedir comida y embutirse cuanta cosa salga recién horneada de una cocina diferente a la de ellos. Es decir, pedían comida, visitaban restaurantes o inventaban cualquier cosa con tal de no ensuciarse las manos. Para nuestra fortuna (económica) esto era así.

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